1. Tu madre, nuestra puta (2)


    Fecha: 27/03/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Relatador2022, Fuente: CuentoRelatos

    ... oscuro y arriba una camiseta de tiras color beige, que le remarcaban aún más su silueta. Deportivas. Una bolsa de deportes colgando de un hombro y estaba para empotrarla allí mismo. Su peinado. Me llamó la atención. O lo traía de peluquería, o se lo había ella arreglado a conciencia. Desde luego no parecía el peinado de alguien que va a la piscina, ni la ropa de alguien que va con las amigas de compras.
    
    Ya me estaba yo volviendo paranoico como Pablo. Esperé a que se metiera en el coche, y siguiendo las instrucciones del agente especial Pablo, arranque coincidió con el suyo.
    
    No te pegues a ella, mantén siempre esta distancia, que se meta algún coche entre medias. Circulamos dos kilómetros, hasta el centro comercial más cercano. Aparcó el coche. Yo aparque dos filas detrás de ella. Salió disparada. Nosotros detrás.
    
    Coño esta tía llevaba prisa. Subió las escaleras metálicas. Subiendo a la derecha estaban los lavabos. Entro como una flecha.
    
    “La habrá dado un apretón”, me comentó Pablo.
    
    “Tú crees que ese culito también cagara?, le pregunté riéndome.
    
    “Y unos chorizos que lo flipas, seguro, pero no me cuadra que una tía salga de su casa, y tenga que parar corriendo en un centro comercial a mear o lo que sea. Espero que no tengo esto salida trasera” dijo Pablo asomándose a ver si veía otra salida por el otro lado del pasillo que llevaban a los servicios.
    
    “Tú has visto muchas pelis de espías, tío”, le dije riéndome.
    
    No perdíamos de vista la salida de los ...
    ... servicios.
    
    Salió una tía despampanante. Un vestido amarillo chillón por medio muslo, con botones en el centro y escote en V. Zapatos de tacón amarillos a juego. Unas gafas de sol si no me fallaba la vista Ray-Ban Erika, de patilla gris. 100 pavos. Lo sé porque mi hermanita había estado dando la matraca a mis padres, hasta que la compraron unas, y eran como esas. Un puto pivonazo.
    
    “Mira que pivón Pablo”, le dije.
    
    “Te gusta, ¿no?, pues arrea que es ella”, contestó Pablo echando a andar detrás de Marisa.
    
    Ahora me fijé y si, llevaba la misma bolsa de deportes, pero el resto al menos de lo visible, se había cambiado todo. Y encima las gafas de sol, la hacían aún más sexy.
    
    Otra vez corriendo detrás de ella. Y Pablo comiéndome la oreja,
    
    “Hay que estar más despierto, colega, que casi se nos escapa el objetivo”.
    
    “Me tienes acojonao, Pablo. Estoy esperando que en cualquier momento saques una sirena, me la pongas en el techo del coche, y una pistola, y te líes a pegar tiros”, le dije riéndome.
    
    “Tiempo al tiempo. Vigila los semáforos, si ves que ella se va a pasar uno en ámbar, acelera y pasa detrás. No podemos perderla ahora”, me dijo.
    
    Aquello estaba empezando hasta a estresarme.
    
    Salimos en dirección A-2. Conduje durante 20 kilómetros, hasta llegar al hotel Loob, en torrejón. Bajamos una cuesta que llevaba a la recepción automática. Ella abrió la barrera pulsando unos números en el teclado que tenía la máquina. Evidentemente, nosotros no teníamos ni idea de esos ...
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