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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (17)
Fecha: 13/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
Su respuesta es una ambigüedad que tiene visos de provocación. Y sin embargo es el tono de su voz y la forma en que lo ha dicho, más la alongada posición de los antebrazos, –apoyados los codos sobre el tejido negro que cubre sus rodillas– con sus manos encarceladas por la firmeza de sus dedos entrelazados, lo que me intranquiliza. Siento miedo de lo que se me viene encima. Porque no puedo dejar de pensar en lo doloroso que será escuchar lo que me va a contar ahora, haciéndome palidecer de antemano sin siquiera haber escuchado una frase más. Lo presiento y ya mi corazón late con tanta fuerza que parece intentar entre pálpito y pálpito, en medio de cada respiro, salírseme del pecho. Me va a decir lo que le pedí y ahora… ¡Dios mío! Me está dando físico pánico hacerla rememorar sus engaños, no por ella si no por mí mismo. No quiero sentir más dolor y sin embargo pienso que es necesario que mortifique el amor que mi corazón siente por ella. Esta sensación de incomodidad no es más que una clara señal de que sigo emocionalmente afectado y… ¡Putamente enamorado! O si no… ¿Por qué me escuece la garganta si enfermo no estoy? ¿Por qué me sudan las manos y hasta mis pelotas, si gracias al nuboso atardecer ha caducado el calor? ¿Por qué tiemblan mis piernas y rechinan mis dientes como castañuelas golpeándose entre sí, si tampoco siento tanto frío? No me sirvieron para una mierda los kilómetros de distancia que interpuse entre su esmerada traición y mi cruel decepción. Por el ...
... contrario, han sido apenas unos míseros milímetros cubiertos con rapidez por las sombras de estos dolorosos recuerdos. Y bien que lo han hecho, pues me han perseguido y hallado, encogido en el piso llorando, extendido y embriagado en muchas madrugadas. Lamiendo en soledad las heridas con mi saliva emborrachada, en los escasos metros cuadrados de mi habitación, en la cabaña que por muchos meses fue nuestro hogar. Aquella soñada paz, o el sosiego tan anhelado para mi corazón lejos de Mariana nunca lo hallé, a pesar de que muchos aquí sin meterse en lo que no les incumbía, me otorgaran el bálsamo de su sincera amistad. Sentada de medio lado, Mariana agobiada y con semblante de pecadora me observa con detenimiento, y cauta espera por alguna reacción de mi parte a su confusa respuesta, pues endereza su espalda y echa hacia atrás su cabello con una sola mano, ya que con la otra prácticamente me rapa la botella de ron para llevarla hasta su boca y beber con elegancia un sorbo, sin apartar de mi vista el azul de su mirada. ¡No! Me equivoco, pues sin cerrar los ojos o hacer gestos por el ardor, ahora se manda otro groseramente más prolongado, tanto así que pequeñas gotas desfilan en hilera, desde la comisura de sus labios hacia el mentón. Sin embargo es el pulgar de su mano izquierda el que se sacrifica y se moja por ambos lados, limpiando sin dramas el pequeño cauce de ron sobre su alba piel. Y todo ello lo hace Mariana con aquella mirada de siempre, –expresándome su amor– más ...