1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (17)


    Fecha: 13/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... en esta ocasión la acompaña con el velado manto de su martirio.
    
    El azul cielo de su iris ahora es penosamente más añil, intensamente profundo, tan temido por mí. La mujer que amo, generosamente me va a lacerar con el filo de la daga de su franqueza, ante mi insistencia de saber por su propia boca, todas sus razones, las que le llevaron a romper con su promesa de fidelidad eterna.
    
    —No necesariamente fue así… ¡Con él! Pero sí, claro que aciertas al pensar que esa noche de domingo algo cambió, sin echarle la culpa a nadie por mi comportamiento, ni tampoco al alcohol aunque en algo incidió; mucho menos de aquel juego o por ese beso que ofrecí como lección para él, fue como se inició todo dentro de mí, como yo lo compliqué. ¡Pufff!... Y que luego desencadenaron los acontecimientos posteriores con José Ignacio. —Finalmente le respondo a Camilo sin dejar de observarle, tras dejar pasar por mi garganta, el ultimo y prolongado sorbo de ron.
    
    Y es que yo creo que es mejor así, para Camilo y para mí. Haciéndolo de frente, sin ocultarle ningún detalle, aunque nos mortifique a los dos. Me ha pedido ser clara y honesta, por lo tanto es preciso continuar hablándole con total sinceridad, aunque me avergüence de mis actos y a pesar de que al saberlo, se le inflame el alma más de lo que quema en mis entrañas este ron.
    
    —Cansados de atender a varias personas interesadas, pero alegres por los negocios realizados, nos trasladamos al atardecer en la minivan hasta el hotel, solo las ...
    ... muchachas y yo, pues tanto Eduardo como Carlos, decidieron irse en el viejo Honda de José Ignacio. Durante el corto trayecto les expresé a las chicas mi deseo de relajarme un rato en la piscina o en la sauna, antes de partir hacia Bogotá en la noche. Sin embargo cielo, cuando están por suceder las cosas, caprichosamente los imprevistos suceden. Apenas llegando a la entrada del hotel, un fuerte crujido proveniente de la parte delantera de la camioneta, se escuchó al girar frente a la puerta de la entrada.
    
    — ¿Qué pasó? —Preguntamos las tres en al mismo tiempo.
    
    —Parece ser un eje. —Nos respondió sin mucho sobresalto el conductor.
    
    — ¿Y será muy grave? —Le pregunté tan solo yo.
    
    —Tranquilas, tengo un conocido por acá cerca que es un buen mecánico. Voy a pasar hasta su taller. Lo único es que… ¡Hay que rezar para que lo encuentre sobrio a estas horas! —Nos respondió sonriente y bromeando, intentando quitarle gravedad al asunto y al bajarnos de la minivan, el chofer arrancó muy despacio con cara de preocupación.
    
    —Que desafortunado que fui, y que conveniente para ti. Digo, ¿no? —Interviene mi esposo con otro sarcasmo y yo, tan solo levanto los hombros ante sus palabras.
    
    —Al llegar a nuestra habitación, –continúo, restándole importancia– tanto Diana como K-mena muy alegres me secundaron en la idea y después de ducharnos cada una con premura, buscamos entre el escaso equipaje nuestros vestidos de baño. Diana con desparpajo se retiró la toalla que envolvía su cuerpo y se ...
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