-
Infiel por mi culpa. Puta por obligación (17)
Fecha: 13/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... por aquí, en una de las tiendas de Kokomo Beach, cuando Mateo me ensucio el enterizo blanco que llevaba puesto con la salsa de tomate de su Hot Dog. ¿Lo recuerdas? —Camilo aprieta los labios y ladea un poco su cabeza. —Y como anuncia el dicho: «A donde fueres, haz lo que vieres», pues también me lo coloqué en frente de ellas sin cubrir mi desnudez. K-Mena sin dejar de echarle una ojeada a mis «puchecas», se colocó por encima una camiseta blanca tipo polo de cinco botones, y unos pantaloncitos cortos de jean. Yo usé tu camiseta azul, la de tu equipo de futbol favorito, –Camilo abre bastante sus ojitos– y que te habías comprado para asistir con tus hermanos al estadio para observar un importante clásico. ¡Si, Cielo! Me la llevé sin tu permiso pero es que yo… Pues quería tener algo tuyo cerca, que me oliera a ti, para tenerte presente en todo momento. —Igualmente opté por colocarme los shorts blancos de mezclilla y que cuando me acompañaste para probármelos, te gustaron tanto, aunque pusieras reparos al ver que ya venían rotos por delante y por detrás, y encima de todo que estuvieran deshilachados. —«Pagar tanto dinero, –me dijiste al salir del local con las compras– por algo que los diseñadores hacen parecer viejo y desgastado, no tiene ningún sentido para mi estilo de ver la moda.» Y me hiciste reír mucho. ¡Tú, con ese gusto tan cuadriculado para vestir, y yo tan descuadrada con el mío! —Camilo por fin se sonríe, más no musita palabra alguna y enciende uno de sus rubios, ...
... acomodando enseguida su gorra de beisbolista con la visera hacía atrás. En actitud de espera, me observa. Comprendo que se encuentra agobiado pero expectante a la vez, queriendo obtener por mi propia boca mayor información. Descruza las piernas, se encorva un poco para alcanzar la botella de ron y la levanta del piso. Bebe un poco y vuelve a dejarla allí con la intención de taparla, pero me mira y seguramente analiza que no me ha ofrecido un trago. Con serenidad pliega un poco los labios y levanta sus hombros para finalmente alcanzarme la botella. Frunce el ceño y de su boca retira el cigarrillo apresándolo entre su dedo índice y el pulgar; al mantener entreabierta su boca, va colándose el humo que con ceremonial lentitud asciende por su rostro. Me recuerda, –aunque no debería hacerlo en estos momentos– a la manera tan despreocupada de Chacho, al darle una aspirada a su porro matutino de marihuana. Porque sí, Chacho se pegaba sus necesarias «elevadas» todos los días en las mañanas dentro de su automóvil en el sótano del parking, antes de subir a la oficina, según él para estar «más despierto» durante el día, al confesármelo cuando lo pillé fumándose un porro en el patio de su casa, la primera vez que me aparecí bien temprano por su casa y que se lo permití, no porque me lo pidiera sino porque yo lo decidí así. ¡Darle a probar algo que le había negado con anterioridad! —Cómo te decía, la intención era darnos un piscinazo y luego de comer algo ligero, esperar a que ...