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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (9)
Fecha: 25/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
12: 57 P.M. 31.5° Celsius y 64% de humedad. Qué día tan diferente, tan especial. ¡Ni muy nublado ni completamente despejado! Mi esposo da los últimos mordiscos al crocante patacón y en mi plato reposan los restos espinados del «Piska kora» bien asado con el que Kayra me sorprendió. Arroz con coco, papitas fritas y patacones, complementaron su excelente receta. — ¡Ufff, que calor! —Le hago el comentario a Camilo y veo en su frente el sudor. Una gotita baja de su sien huyendo hacia el pómulo, continuando el recorrido de una anterior, girando por la esquina derecha de su mentón, tentada a caer. —Sí, Melissa, tienes razón. Si deseas puedes darte una ducha mientras yo recojo la mesa. ¡Hay toallas en!… Bueno, tú sabes dónde están. Anda, ve y te refrescas. Estás en tu casa. —Le respondo con amabilidad, dándole la razón. El almuerzo nos ha dejado más que satisfechos. Kayra se ha esmerado en prepararnos un exquisito Pargo rojo y esos patacones crujientes le quedaron… hummm, sencillamente espectaculares. — ¿En serio? ¿Me puedo duchar? Me gustaría darme ese baño, muchas gracias. —Le miro con cariño, agradecida con su actitud conciliadora, –con la mirada de siempre– aunque no sé si mi esposo es consciente de ello. Mariana, con su rozagante rostro, quizás un poco ruborizada, me agradece colocando esa amorosa mirada, la que solía obsequiarme cada vez que yo hacía o decía algo con el fin de satisfacerla y que tanto he extrañado. Se pone en pie y antes de retirarse, acaricia mi ...
... mano con disimulada ternura, más no pronuncia palabra alguna. *** Al empujar la puerta de la habitación puedo observar el orden con la que la mantiene arreglada y bien alisada encuentro nuestra cama. El juego de sábanas con diseños geométricos en variados tonos de azul, le dan un toque fresco y juvenil. El aroma a su colonia se mantiene flotando aun en el ambiente y el cuadro sobre la cabecera, pintado al óleo por nosotros dos a cuatro manos, no lo ha retirado. Nuestra heterosexual imitación de «En la cama: El beso», la obra de Toulouse-Lautrec. Mi rostro, pintado por él y el suyo, por mis manos. El antiguo armario de madera y chapa de dos puertas, con solo el espejo de la hoja izquierda sobreviviendo a tantísimos años de uso está cerrado, pero las llaves cuelgan de la cerradura, permitiendo adentrarme en una intimidad que desde hace meses, me es ajena. Y con esta extraña sensación, –anteriormente cotidiana– giro la llave y abro de par en par las puertas, que chirrían un poco agudas; un tanto cohibida, desplazo mi mirada por los anaqueles de la mitad para arriba. Su ropa que no es mucha, está bien doblada, –raro en mi marido– del lado derecho. Al izquierdo esta la mía que tampoco es tanta, resguardada del polvo, las polillas y otros bichitos, envueltas con esmero dentro de bolsas transparentes de delgado plástico con cierre hermético. De la mitad para abajo están los amplios cajones donde guardábamos nuestra ropa interior, las medias que por supuesto en este clima, ...