1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (9)


    Fecha: 25/06/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... casi nunca usábamos y en el de bien debajo, dos juegos de cama y las toallas. A un lado el espacio para los zapatos, donde veo que los tiene bien apilados con tan solo tres pares de zapatillas de diferente color, un par de botas de piel marrón «Brahma» con suela amarilla y unas chanclas negras de caucho con doble correa.
    
    Lógicamente no hay zapatos míos, pero al fondo observo una pequeña caja de cartón amarrada tanto a lo largo como a lo ancho, con una cintica roja como si fuese un regalo de alguien, que una vez abierto, sin gustarle lo ha devuelto y ha quedado allí a medio cerrar. ¿Un regalo para mi marido? ¿O de él para alguien más?
    
    Siento la tentación de fisgonear un poco más pero escucho los pasos de Camilo, llevando seguramente los platos al fregadero para lavarlos y me contengo. Mejor abro el cajón y tomo una de las toallas, la que tiene un gran Mandala estampado con sus figuras magentas, violetas y azules, tan espirituales.
    
    Mis manos deshacen el nudo del cordón en mi cintura y por la cabeza me saco el vestido. Hago un doblez a lo largo y lo coloco descuidadamente sobre la cama. No me preocupa quedarme así, de hecho también libero mis tetas de la opresión del ajustado top blanco y solo me quedo con los «cucos» negros puestos. He decidido no cerrar la puerta como mi esposo lo hizo anteriormente, mucho menos la ventana que da al pequeño patio de ropas. Si me quiere ver que me vea, –como me gustaría– aunque lo dudo, pues le escucho ahora tararear «Girls Like You» ...
    ... de Maroon Five, mientras enjuaga la loza.
    
    Entre cierro la puerta del baño, dejando la toalla colgando de la percha atornillada al caoba tablero y descorro la cortina de la ducha. Hay una barra de jabón casi nueva y por supuesto un frasco de shampoo, pero ni loca me lo pienso lavar de nuevo. Caen refrescantes por delante las gotas frías, descendiendo desde mi cuello y mis hombros hacia la redondez de mis pechos. Reaccionan mis pezones endureciéndose involuntariamente y me giro un poco de izquierda a derecha para empaparlos de una buena vez. Deslizo sin afanes el jabón sobre cada una de mis bubis, sosteniendo el peso de su operada redondez en la cuna de mi mano libre, para luego recorrer las axilas, cada uno de los brazos y mis manos.
    
    Espumas blancas rodean mi vientre plano con su hundido ombligo y la suave depresión en mis pocas estrías, –apenas visibles después de mi embarazo– reciben la leve presión de la barra de jabón. Igual mi cintura estrecha y los conejitos en mis caderas, albergan el mismo trato. La nalgas si me las sujeto y las aprieto con los dedos, después de enjabonarlas; mis caderas y los muslos, mis pies… siendo mío todo el cuerpo, aquí sola con los ojos cerrados, deseando que vuelva a ser de él.
    
    Con cuidado de no mojar mis cabellos, voy girando dentro de la ducha, para que el agua borre con la presión de sus chorros, lo que quede del jabón. Me siento tranquila y alegre después de todo, aunque temerosa de enfrentarme a lo que me resta por contarle. Pero ...
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