1. Descubriendo el sexo con mi entrenadora


    Fecha: 31/07/2025, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Omar89, Fuente: CuentoRelatos

    ... músculos de sus brazos. “Te gustan, ¿eh?”, decía entre jadeos mientras me besaba apasionadamente. Habrá quien dirá que aquella relación no era la clásica de hetero-normativa, ya que los roles sociales estaban invertidos, ella era la fuerte y la que tomaba la iniciativa, mientras que yo era delicado y más pasivo. Pero tocar esos bíceps me la ponían durísima, sentirme vulnerable entre ellos aumentaba a nivel psicológico el goce sexual.
    
    Lidia agarró una de mis manos y la colocó sobre su duro trasero. “Disfrútalo, es para ti”, me dijo y viendo que mi polla estaba a punto de explotar, me la agarró con el pulgar y el índice de su mano derecha, a modo de anillo, mientras que con el meñique me daba un masaje en el escroto. “Menuda polla tienes, este músculo no tienes que trabajarlo, ¿verdad?”, dijo picarona, y a continuación me corrí, apuntando el chorro sobre sus fornidos muslos. Habíamos terminado la primera fase del sexo. Pero ahora le tocaba disfrutar a ella. Mientras me recuperaba de la primera corrida, me ofreció una botella de agua y algunos frutos secos al mismo tiempo que trataba de calentarme con sus caricias. “Necesitas reponer fuerzas tras el primer asalto, además, estos frutos son afrodisíacos”, me decía. Y cuando al fin las repuse, le bajé aquel culotte y me dispuse a hacerle un cunnilingus mientras sujetaba con mis manos sus muslos, acariciando aquellos cuádriceps. Oía a Lidia gemir mientras sujetaba mi cabeza para que continuara. Hasta que llegó un momento en que ...
    ... dijo “ahora prueba de resistencia, ponte ese preservativo y fóllame”. Lidia se quitó aquel sujetador deportivo mostrándome aquellos enormes pechos al desnudo. “Dios mío, pero qué belleza”, pensé.
    
    Me coloqué ese preservativo y me dispuse a complacer a aquella diosa del Olimpo. Y para mi sorpresa, fue mil veces mejor que con mis anteriores parejas sexuales, ya que sabía cómo contraer los músculos vaginales, lo que multiplicaba el placer durante la penetración. De haber estado tantos años sin mantener relaciones a tener sexo con mi entrenadora fue parecido a hacer ejercicio en nivel difícil al gimnasio, sólo que aquello me mataba de placer en lugar de hacerme daño. Le acariciaba sus pechos, firmes y duros, al mismo tiempo que con los dedos jugueteaba con sus pezones. Lidia gemía de placer mientras yo jadeaba, faltándome el aliento con las embestidas mientras ella apretaba mi pene. Finalmente, su contracción fue más fuerte de lo normal y me corrí al mismo tiempo que ella, cayendo en redondo en la cama. Lidia me besó en los labios y volvió a darme agua, algo que necesitaba.
    
    Me dormí abrazado a ella, apoyando mi cabeza en sus firmes pechos. A la mañana siguiente, me desperté sin Lidia en la cama. Me había dejado una nota que decía “He tenido que irme a trabajar, pero estabas tan mono dormido que decidí dejarte dormir en mi cama. Tienes pan y aceite para desayunar en la cocina. ¡Ven a verme después al gimnasio para seguir los <<entrenamientos>>!”
    
    Mientras me vestía, noté ...