Aventuras y desventuras húmedas. Tercera Etapa (6)
Fecha: 09/08/2025,
Categorías:
Incesto
Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
Mari se miró por última vez en el espejo del baño. Su pelo estaba recogido en una pequeña goma con una coleta de la cual alguna gota rebelde todavía se deslizaba. El camisón nuevo se había pegado a su piel como una capa de seda y le dejaba al aire tanto los brazos como los hombros y… un ligero escote que le parecía perfecto.
No llevaba sujetador, no le encontraba el sentido, nunca dormía con él y ponérselo ahora era una estupidez. Lo que si se decidió a llevar fue una pequeña braga de seda de color rosado totalmente nueva, estrenada para esta ocasión como el camisón.
Estaba perfecta y maravillosa, sentía que manaba luz propia, Sergio no podría resistirse a nada, estaba más que claro… aunque tampoco se le pasaría por la cabeza negarse a tal manjar. Salió por la puerta con una sonrisa al contemplar lo verdaderamente bella que era y vio cómo su hijo, estaba tumbado ya en su lado de la cama dándola la espalda.
“Querrá esconder esa cosa…” pensó mientras caminaba hacia su lado de la cama. “No lo llames cosa, llámalo por su nombre” le dijo una voz en su interior. “¿Cuál es?” rápidamente su mente gritó en un aullido “POLLA”.
Sentada sobre el mullido edredón, al escuchar tal afirmación, no dudo, ni siquiera recapacitó sobre que su hijo estaba a metro y medio. Bajó una mano deslizándola por su camisón y apretó con fuerza lo que había entre sus piernas. Su braga nueva se mojó de nuevo, como lo había hecho la anterior, “otra que va a lavar…”.
—¿Apagamos la tele? ...
... —le sugirió sin que se mirasen.
—Bien.
—¿Podrías también cerrar las cortinas?
El joven se levantó, siempre dando la espalda a su madre para que no viera la completa erección que poseía. Corrió las cortinas hasta que no pudiera penetrar ni un resquicio de luz. Entendía lo que su madre buscaba, la completa intimidad, ni una luz, ni un ruido, solo ellos… incluso… ni ellos, solo sus sombras, así… sería más fácil.
Volvió a la cama, gozó del dulce tacto de las sabanas sobre su piel casi desnuda y al final, escuchó el pequeño sonido plástico del interruptor que anunciaba lo inevitable, la luz se había ido. Mari apagó la lámpara de su lado de la cama, quedando totalmente a oscuras y únicamente con el sonido de sus agitadas respiraciones.
Cada uno se tumbó en su lado, dando la espalda a su compañero de hotel, esperando que alguno diera el primer paso. Sin embargo, el tiempo comenzó a pasar. Los dos se mantuvieron quietos en los lados de la cama, sin moverse, sin casi respirar. El primer paso, el que rompería todo, les era imposible de dar.
Sergio por mucho que lo hubiera dado con su tía, ahora se sentía atenazado sabiendo que la que estaba a algo más de un metro de él, era su madre. La mujer que le había traído al mundo y a la que ahora casi podría decir que amaba.
Con Mari el sentimiento era similar, anhelaba el abrazo de su hijo, sentir su calor, su piel su… todo. Sin embargo no se podía dar la vuelta, con respirar de una manera más o menos normal le era ...