Bienvenido hombre
Fecha: 12/08/2025,
Categorías:
Confesiones
Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... resultan insustanciales y desde hacía un rato bastante largo lo había descartado anteponiendo excusas que sólo eran comprensibles por mi egoísmo o por mi comodidad.
Hoy lo reconozco, la soledad se suele hacer pesada cuando es la alternativa ante los miedos por lo que vendrá. Estar solo cuando uno lo pretende es una cosa, estar rodeada de soledad porque uno descubre que existen temores para compartir con el otro y no se anima a los intentos la convierte en dura y triste. Así estaba un día en que me habían salido algunas cosas mal en el trabajo, las paredes no me respondían, el silencio y la incertidumbre se convertían en algo muy pesado y necesitaba a alguien con quien conversar.
Sí, es verdad, las personas solemos tener este tipo de egoísmos y sé que no soy la excepción. Así las cosas, llamé a una amiga a sabiendas que cualquiera de ellas tienen más tiempo para decir de sí mismas que para escuchar. Atendió, le pregunté cómo estaba, me contestó que andaba loca con las compras para una de sus hijas que se casaba y comenzó a contarme los detalles de la futura boda.
Traté de escuchar lo más que pude, no le dije sobre el motivo de mi llamada y busqué una excusa para terminar la conversación monologada que ella tenía. Luego volví a quedar sumida en mis propios silencios y pensé en él.
Hacía un tiempo que no nos hablábamos y creo que estaba molesto porque siempre lo llamaba cuando necesitaba de su resolución e inteligencia para temas que me urgían, como fuere, yo sabía ...
... que podía contar con su atención. Lo llamé justificando el llamado con una pavada y le pregunté cómo estaba y que tal andaban sus cosas.
Me contestó en forma sarcástica, “Hola “mi amiga” ¿Cómo estás? Mis cosas andan bien y yo estoy fenomenal pero parece que vos no podes decir lo mismo”. Le pregunté si estaba loco y el porqué de esa afirmación, aunque en lo íntimo yo sabía que a él no podía “disfrazarle” mi voz o los tonos de mi voz y me daba cuenta que esa forma de entenderme me agradó siempre sobremanera.
“Está bien, hace de cuenta que son imaginaciones de “tu amigo” y no me contestes nada”. Le tuve que contar, le dije que había pasado un mal rato en el trabajo y quería conversar unos instantes con él. “Antes de que prosigas, te tengo que hacer un par de preguntas”, -me dijo-.
Le pedí que las hiciera. 1°) ¿A cuántas de tus amigas llamaste antes de hablar conmigo? y 2°) ¿Pretendes conversar con “el amigo” o con un hombre que te escuche? “”La primera no me la contestes porque tus amigas, al igual que vos, están preocupadas solamente por sus “tan interesantes cosas” y dificulto que te hayan dado mucha “bola”, con respecto a la segunda pregunta, te recuerdo que “hacer de amigo” redunda en una gran hipocresía y hoy no tengo ganas de aparentar”.
No cabían dudas, estaba molesto, comprendí que, en cierto modo, no dejaba de tener razón y siguió, “antes de que cortes el teléfono tengo que decirte un par de cosas”, parecía que me adivinaba los pensamientos y, gracias a Dios, ...