1. Deseos y reproches


    Fecha: 12/08/2025, Categorías: Intercambios Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos

    Contrariamente a lo que había imaginado Carlos, el ambiente era de lo más agradable: una música sosegada envolvía el local y una tenue iluminación ayudaba a generar un clima cautivador, a la par que placentero.
    
    Aunque había sido Ángela la inspiradora de la gesta, no por ello dejaba de estar inquieta. Por su parte, a Carlos se le dispararon las pulsaciones desde el momento en el que accedieron al interior de un local en el cual no sabía qué iba a encontrarse. Una seductora joven los condujo a una especie de reservado y de forma muy cordial les dejó la carta de cócteles, y a los pocos minutos, una camarera no menos atractiva tomó nota de las bebidas y volvió sobre sus pasos para dirigirse a la barra.
    
    —Pareces nervioso, —señaló Ángela.
    
    —¿Tú no lo estás?
    
    —Sí, un poco, —manifestó ella, sin embargo, más que nervios, era ansiedad, ya que después de haber intentado convencer a Carlos durante meses, y de haber obtenido evasiva tras evasiva, finalmente accedió a sus caprichos sin estar todavía convencido de ello. Y no es que Carlos fuese un mojigato, sino que no estaba preparado para compartir a su esposa con otro hombre. Allí sentado con el gin tonic en la mano seguía albergando dudas sobre si la decisión tomada era la correcta. En cualquier caso, era algo recíproco, pues si se daban las condiciones, ambos iban a deleitarse de los placeres que otra pareja le brindase.
    
    Ángela vestía una falda de cuero negro y, aunque no era demasiado corta, asomaban las ligas y parte ...
    ... de la cinta del liguero adornando sus largas piernas. Un suéter color burdeos de tela fina mostraba un generoso escote que no pasaba desapercibido al sector masculino. Unos zapatos de tacón de aguja del mismo color que el suéter, remataban el conjunto, estilizando una figura que ya de por sí era lo suficientemente esbelta. Estrecha cintura y generosas curvas conseguían enajenar la libido de cualquier hombre, pero era Carlos quien la deseaba con todas sus fuerzas, pues la amaba y la deseaba por igual.
    
    —Estás muy sexi, —admitió dándole un corto beso en los labios al tiempo que posaba su mano en la larga pierna de su esposa. Le hubiese hecho el amor allí mismo y su erección era testigo de ello. Se encandiló contemplando sus grandes ojos marrones perfectamente contorneados, saboreó el rojo pasión de su labial y acarició su larga melena color castaño.
    
    —¡Vámonos a casa! —sugirió deseando hacerle el amor a su esposa hasta desfallecer y de ese modo olvidarse de aquel dislate, en cambio, las pretensiones de Ángela seguían intactas.
    
    —Ahora ya estamos aquí. Ya hemos dado el paso más difícil, —insistió deseando que no se volviera atrás.
    
    Carlos iba a desaprobar de nuevo su demanda cuando una pareja se les acercó con la intención de presentarse. La mujer parecía rescatada de una película hollywoodiense. Era rubia, cabello lacio por debajo de los hombros y ojos color miel. Vestía una falda oscura y estrecha que dibujaba los contornos de su esbeltez, con una camisa blanca que ...
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