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Cueva escondida
Fecha: 06/10/2023, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Rafael, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... sudor de la frente con el pañuelo que llevaba alrededor del cuello. - Que opina usted, patrón ? Les llevaré a ese arroyo cerca de la "Piedra quemada". Queda como a veinte minutos a caballo, el agua está muy buena en esta época, señor - agregó Mario, medio informando, medio pidiendo permiso a tío, quien se limitó a asentir con la cabeza sin mirarle siquiera, para luego continuar conversando con mis padres. Seguidamente, Mario fue a traer Huracán, su caballo, de un color marrón muy brillante y bien fornido, al que Mario manejaba con mucha experiencia y autoridad. Aún recuerdo la imagen de Mario al ensillar a Huracán, nos dio la espalda y se escupió las manos para luego tomar la silla de montar. Entonces pude ver su fabulosa constitución física, bien ancho de hombros, los cuales se notaban perfectamente, a pesar de la remera que llevaba puesta. Además, sus nalgas fuertes, redondeadas y varoniles, que parecían dos pequeños melones bajo el desteñido vaquero. Juntos, Mario y Huracán, parecían la representación de la misma idea, él semental, uno en versión animal, y el otro en humana. Mario notó que yo había mirado con suma atención el gran pene de Huracán, por lo que sonrío y me guiñó el ojo, algo que yo sólo respondí con una sonrisa cómplice. Como yo era el menor, Mario me ayudó a subirme primero sobre el tremendo animal, luego él hizo lo mismo quedándose detrás mío, y finalmente alzó a Carlos con su formidable fuerza como si se tratase un muñeco de juguete y lo colocó detrás ...
... suyo. - Tendrás que sujetarte bien fuerte de mi cintura si no quieres caer, me dijo. Y tú, Carlos, agárrate bien de la silla de montar, mira que el viaje está lleno de saltos, pero no tengas miedo, sólo agárrate fuerte - agregó, mirándome y guiñándome de nuevo, al tiempo que agarró mis manos en las de él y las apretó contra el asidero de la silla, al tiempo que las mismas se perdían en esa masa de músculos de sus manos. Recuerdo sus piernas fuertes a cada lado del caballo, sus jeans ajustados, y una cintura y abdomen como tabla de fregar ropas de tan fuertes que eran. Una sensación hermosa la de cabalgar sintiendo a semejante tipo detrás de mío, y con el vaivén de cada paso del caballo podía sentir el enorme bulto de sus entrepiernas rozando mis nalguitas. Mientras nos íbamos a ese famoso arroyo, Mario nos contaba historias de cómo él había encontrado una víbora y la había matado con un machete, y cómo en otra ocasión se encontró cara a cara con un puma, al cual había también matado. Y también cómo había enseñado a nadar a sus hermanos Gustavo, de 15 años, y Martin de 12. Conforme cabalgábamos sentí que las manos de Carlos, las cuales habían estado originalmente en la cintura de Mario, se bajaron hasta posicionarse sobre el bulto de su vaquero, hecho que me llamó mucho la atención, y del que fácilmente me di cuenta, pues al mismo tiempo, las manos de Carlos rozaban mis nalgas. Muy discretamente, me di vuelta para comprobarlo, y efectivamente puede ver que las manitas ...