1. Cueva escondida


    Fecha: 06/10/2023, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Rafael, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... un solo movimiento, Mario puso de espaldas a Carlos haciéndole doblar una de sus piernas, mientras la otra permanecía derecha. Luego, puse un cobertor bajo la cadera de mi primo, dando un escupitajo final a su ano. Yo no tenía idea de lo que vendría, pues me parecía imposible que esa vergota de al menos 19 centímetros de largo y 5 de ancho pudiese caber en el culo de mi primito. Pero Mario ya tenía bastante experiencia.. y mi primo también ! Suavemente, Mario se acostó sobre él, apoyando la gran cabeza de su pene en el hoyito de Carlos. Empezó a presionar, lenta, pero firmemente. El esfínter de Carlito comenzó a ceder ante el gran invasor. Pero al pasar la línea del glande por el mismo y recibir en cuerpo un pene que era demasiado grueso y duro, Carlos pegó un grito de dolor que me paralizó.
    
    Entonces Mario empezó a acariciar el cabello de mi primo e hizo una pausa en su penetración. Entendí que el macho esperaba que el esfínter de su hembra se acostumbrara a su gran pene, y le susurraba al oído cosas como - Ya, patroncito... Relájese... al principio nomás le duele un poco, pero luego me pedirá más y más verga, como siempre... Sí ? -  Carlos asentía con la cabeza, al tiempo que derramaba lágrimas de dolor. Mario rodeó sus brazos alrededor de la cadera de mi primo y juntó las manos en los genitales de éste, para darle una paja que lo hiciera resistir más el trance por el que estaba pasando.
    
    Después de unos instantes, Mario continuó enterrando más y más verga en el culo ...
    ... de Carlos, hasta que finalmente sólo se veían sus dos grandes huevos, que pegados tenían el tamaño de una manzana grande. Mario seguía presionando contra las nalguitas de mi primo. Yo veía que Carlos estaba ensartado, totalmente empalado e irremediablemente atravesado por aquel joven semental que le había enseñado, y me estaba enseñando a mí, los placeres milenarios del sexo entre hombres. El joven y grande pene ocupaba totalmente la cavidad rectal de mi primo, quien tenía la sensación que la punta della verga de su cogedor llegaba hasta su estomago.
    
    Pero esto sólo fue el principio, porque luego de un minuto o dos, vi que las hermosas nalgas fuertes del semental se relajaban lentamente, para luego contraerse de nuevo. Mario había empezado el vaivén de la penetración, al tiempo que Carlos lanzaba el aire contenido en sus pulmones con cada embestida. Y yo me pajeaba furiosamente ente tal espectáculo. La cadera de Mario se movía con tal gracia y fuerza, dejando el tronco de su cuerpo totalmente inmóvil, en cual se sostenía por sus musculosos brazos, posados en el piso de la cueva. Su cadera penetraba, daba círculos alrededor del culo de Carlos, para luego penetrar más y más.
    
    Cuando Mario se aseguró que mi primo ya se había acostumbrado a su pene, y que había comenzado a sentir placer nuevamente, aumentó el ritmo y la fuerza de sus embestidas, las que sonaban con un constante plaf ! plaf ! plaf !, producto del choque de sus grandes huevos contra el culito abierto de Carlos, ...
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