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Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... con sábanas limpias. —¡Está genial, gracias! —dijo sinceramente, dejándose caer sentado en la camita. Marta se despidió de él con otro abrazo rápido—. Descansa, guapo. Mañana hablamos largo y tendido. —Descansad vosotros también —contestó Miguel, sonriendo. Marta se retiró a la habitación contigua para ponerse cómoda. Antes de seguirla, Luis se acercó a Miguel y le susurró a la oreja con una risilla cómplice: —Tío… si oyes ruidos… ya sabes, es que cuando esta llega contentilla siempre toca fiesta. Espero que no te moleste. Miguel reprimió una carcajada—. Tú dale tranquilo, no pasa nada. Pondré música si eso… —bromeó de vuelta. Luis le guiñó el ojo y le dio una palmada en el hombro antes de salir en silencio. Miguel se quedó solo en la penumbra de la habitación de invitados, quitándose los zapatos y disponiéndose a dormir. A través de la pared podía oír algunos murmullos ahogados; obviamente Luis y Marta ya se estaban enredando. Sonrió para sí y se acostó mirando al techo, cerrando los ojos. Tenía el cuerpo relajado gracias a la corrida que Luis le había sacado hacía unos minutos, así que pensó que caería dormido enseguida. En el cuarto principal, Marta estaba de pie junto a la cama, terminando de quitarse los pendientes frente al espejo, cuando Luis entró tras ella. Al verla, se percató de que su novia ya se había despojado del vestido que llevaba para la cena y solo quedaba su ropa interior de encaje negro, ese conjunto que tanto le gustaba a ...
... él. Marta lo miró por encima del hombro, con una sonrisa pícara—. Cierra la puerta con llave —susurró—. Me da igual que esté Miguel aquí, te necesito ahora mismo. Luis sintió un escalofrío de lujuria. Ver a Marta allí, prácticamente desnuda salvo por el sujetador que realzaba sus pechos y las braguitas que abrazaban sus amplias caderas, le hizo olvidar cualquier rastro de cansancio. Asintió con una sonrisilla y echó el pestillo a la puerta, obediente. —Tus deseos son órdenes, mi reina —replicó en broma, comenzando a quitarse la camisa. Marta se mordió el labio al ver a su musculoso novio desnudarse. Nunca se cansaba de ese cuerpo atlético: los hombros anchos, los abdominales definidos, la potente V que bajaba hasta donde empezaba un vello púbico tupido y masculino. Y por supuesto, esa polla gruesa que la volvía loca… Luis se quitó los pantalones y los calzoncillos de un tirón. Su miembro colgaba medio endurecido; pese a que se había corrido con Miguel hacía escasos minutos, la visión de Marta semidesnuda era suficiente para empezar a reanimarlo. Marta se sentó en la cama, echando atrás las sábanas para dejar claro que debajo estaba desnuda del todo. Había prescindido también del sujetador y el tanga en un visto y no visto, presentándose ante Luis con esas tetas generosas y naturales completamente a la vista, y su sexo ya húmedo asomando entre sus muslos apretados. —Ven aquí, grandullón —lo provocó en un susurro ronco de deseo. Luis dejó escapar un gruñidito de ...