-
Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... acomodarse la ropa y tirar las botellas a la basura cuando escucharon las llaves girar en la puerta. —¡Hola, holaaaa! —canturreó Marta desde la entrada, entrando con un taconeo inseguro que delataba que iba algo contentilla. Miguel sonrió y fue hacia allí, encontrándose con Marta que dejaba el bolso y abrigo en el perchero. Ella lo vio y sus ojos se iluminaron. —¡Miguel! —exclamó alegremente antes de lanzarse a darle un abrazo efusivo. Miguel la estrechó contra sí con cariño. Marta siempre le había caído genial y hacía mucho que no la veía. Ella, con esa espontaneidad suya, prácticamente se le colgó del cuello y lo apretó fuerte. Miguel sintió sus grandes pechos aplastarse un momento contra su torso y no pudo evitar un pensamiento travieso al recordar que hacía solo unos minutos Luis había estado disfrutando de ellos. Pero disimuló bien, correspondiendo al abrazo. —¡Qué alegría verte, Martita! —dijo sinceramente cuando se separaron. —Igualmente, guapo. Estás… ¡madre mía!, hecho todo un hombre —exclamó ella mirándolo de arriba abajo con ojos brillantes. La copa de más la hacía quizás un poco indiscreta; le pasó una mano por el hombro en gesto amistoso, aunque Miguel notó el desliz de su mirada fugaz a su paquete. Ciertamente, la fama de Miguel entre las chicas del grupo siempre había sido notable. Marta rio, quizá recordando travesuras pasadas también. Luis llegó por detrás de Miguel, colocando una mano en el hombro de su amigo—. ¡Eh, eh! Tú tienes dueño, ...
... sin babear —bromeó dirigiéndose a Marta. Ella le sacó la lengua—. Tonto. Sabes que me alegro un montón de ver a Miguel, nada más. —Dicho esto, se acercó a darle un beso amoroso a Luis—. Hola, cariño. —Hola, preciosa —saludó Luis, devolviéndole el beso y aprovechando para palmearle el culo por detrás de forma juguetona. Marta soltó un leve respingo y una risita baja. —Bueno chicos, contadme algo, pero… —Marta se llevó una mano a la frente—. Uf, creo que mejor hablamos mañana. Estoy muerta y un pelín mareada. —Claro, es tarde ya —asintió Miguel—. Mañana con calma nos ponemos al día, ¿vale? —Sí, sí, mañana con café delante me contáis batallitas. —Marta bostezó brevemente y luego tomó a Miguel del brazo con familiaridad—. Me alegro tanto de que hayas venido, en serio. —Y yo, Marta —sonrió Miguel. Luis dio unas palmaditas suaves en la espalda de su amigo—. Vamos, que os enseño dónde vas a dormir. Con sigilo, para no despertar a los vecinos, se encaminaron por el pasillo. El piso de Luis y Marta era pequeño pero acogedor: tenía dos habitaciones, la principal y un cuarto de invitados que normalmente usaban como despacho. En esa habitación habían preparado una cama individual para Miguel. Estaba justo pared con pared con el dormitorio principal. —Aquí tienes tu suite, figura —bromeó Luis en voz baja abriendo la puerta del cuartito. Miguel echó un vistazo: la habitación era sencilla, con un escritorio lleno de apuntes de Marta, un armario y la cama hecha ...