1. Compañeros - Capítulo 28: El final


    Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... ¿Café para mí?
    
    —Claro —Marta ya le estaba sirviendo una taza.
    
    Se sentaron los tres alrededor de la mesa con tostadas y galletas. La conversación fluyó ligera, poniéndose al día de manera más ordenada ahora sin alcohol de por medio. Miguel contó alguna anécdota divertida de Nueva York; Marta habló de su trabajo como profesora de primaria y de lo mucho que hacía rabiar a Luis con las tareas de la casa. Luis protestó fingidamente, provocando risas.
    
    En un punto, Miguel decidió bromear un poco—. Oye Luis, gracias por la advertencia nocturna, ¿eh? —dijo de repente, guiñándole un ojo.
    
    Luis casi se atraganta con el café, entendiendo la indirecta—. ¿Qué advertencia?
    
    —Ya sabes… que igual habría ruidos —soltó Miguel con inocencia fingida.
    
    Marta frunció el ceño sin entender del todo al principio, pero en cuanto cayó en la cuenta se puso roja como un tomate—. ¡Ay Dios…! ¿Nos oíste? —preguntó con vergüenza y una risita nerviosa.
    
    Miguel se encogió de hombros riendo—. No mucho, apenas nada, tranquilos. Solo alguna cosilla muy leve.
    
    —Menos mal… —Marta se tapó la cara, muerta de risa.
    
    Luis le dio un codazo a Miguel con complicidad—. Este cabrón se está quedando con nosotros, seguro que durmió como piedra.
    
    —Un poco de ambas —dijo Miguel entre risas—. Nah, en serio, podéis estar tranquilos.
    
    El incidente quedó como anécdota graciosa. Tras recoger la cocina, decidieron salir a dar una vuelta por la ciudad. Miguel tenía que hacer unas compras de regalos navideños ...
    ... para su familia, así que Marta propuso ir a un centro comercial cercano que tenía de todo.
    
    Una hora después, los tres caminaban por la galería comercial decorada con luces navideñas y villancicos de fondo. Miguel cargaba un par de bolsas con detalles que había encontrado para sus padres, mientras charlaban alegremente en busca de una cafetería para descansar. Fue entonces cuando, de entre la multitud, una voz femenina llamó la atención de Miguel:
    
    —¿Miguel? ¿Eres tú?
    
    Miguel se giró hacia la voz y su corazón dio un vuelco. Allí, a pocos pasos, estaba Carlota. Su Carlota, a quien no veía desde hacía cuatro años. Por un instante, el bullicio del centro comercial desapareció a su alrededor.
    
    Carlota estaba radiante, tan guapa como siempre, aunque diferente. Había madurado en su belleza: seguía siendo menuda y esbelta, con ese cabello rubio brillante cayendo sobre sus hombros, pero ahora sus curvas se veían más pronunciadas. Llevaba un suéter ajustado que destacaba unos pechos más generosos que los que Miguel recordaba, y unos vaqueros que marcaban sus caderas. Su rostro angelical mostraba una expresión de asombro y duda, como si no estuviera segura de que el chico frente a ella fuera realmente quien pensaba.
    
    —¿Car… Carlota? —respondió Miguel con un hilo de voz, aún procesando que fuera ella de verdad.
    
    —¡Dios mío, Miguel! —exclamó ella, y una sonrisa mezcla de alegría y nerviosismo curvó sus labios. Enseguida se acercó para saludarlo con dos besos, como dictaba la ...
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