-
Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... Carlota. —Me alegro —dijo Carlota, sincera hasta cierto punto. Hubo un destello de tristeza en sus ojos verdes antes de que volviera a sonreír—. Es bueno saber que estás feliz. —Igualmente —contestó Miguel en automático. Volvió a instalarse un silencio, esta vez más cargado de cosas no dichas. Ambos bebieron de sus tazas, esquivando la mirada del otro. La tensión en el aire era palpable. Era absurdo: se habían amado tanto, ahora fingían normalidad, pero el solo estar a un metro de distancia les removía todo por dentro. Finalmente, fue Carlota quien rompió el dique. Dejó la taza a un lado y miró a Miguel directamente: —Mírate… —dijo en un susurro—. Sigues siendo tan guapo como siempre. Miguel sintió un calor súbito en las mejillas—. Y tú estás preciosa, Carla —dejó escapar, usando el diminutivo cariñoso que usaba años atrás sin pensarlo. A Carlota se le humedecieron ligeramente los ojos al oírlo llamarla así. Sonrió con un deje de melancolía—. Te he echado de menos, ¿sabes? Pese a todo… Te he echado de menos cada maldito día. La confesión quedó suspendida entre ellos. Miguel notó un nudo en la garganta. Antes de poder medir sus palabras, se inclinó un poco sobre la mesa y respondió en voz baja: —Yo también te he echado de menos, Carlota. Y era verdad. Por más que hubiera seguido adelante, la huella de Carlota en su corazón nunca desapareció del todo. No supieron decir quién se movió primero. Pero lo siguiente que sucedió fue que las manos de ...
... Carlota, temblorosas, buscaron bajo la mesa el muslo de Miguel. Y él no se apartó. Los dedos de ella se deslizaron sobre la tela de su pantalón, acariciándolo con suavidad. Un escalofrío recorrió a Miguel. —Carlota… —dijo en un tono que pretendía ser de advertencia pero sonó más a ruego. Miró alrededor con nerviosismo; estaban bastante apartados y nadie prestaba atención, pero aun así… Ella acercó su silla un poco, sin retirar la mano de su pierna—. Lo siento… Es solo que… —No terminó la frase. En su lugar, subió la mano un poco más, hacia el interior de su muslo, en un gesto claramente íntimo. Miguel respiró hondo, atrapado entre la razón y el deseo—. No podemos… —musitó—. Tengo novia, tú estás prometida… —Lo sé —repuso ella, pero no quitó la mano. Es más, presionó un poco más cerca de su entrepierna, donde para su propia traición Miguel ya empezaba a reaccionar—. Dime que no lo estás pensando también… y paro. Miguel cerró los ojos un segundo. Claro que lo estaba pensando. La cercanía de Carlota, su mano acariciándolo casi en la ingle, era suficiente para despertar todos los recuerdos de tantas noches apasionadas con ella. Y su cuerpo respondía sin importarle compromisos. —Joder, Carlota… —exhaló, abriendo los ojos y mirándola con conflicto interno. Ella lo miró suplicante, con sus enormes ojos verdes brillando—. Solo sería… esta vez. Una última vez, Miguel. Al escuchar esas palabras, algo en él hizo clic. “Una última vez”. Sabía perfectamente que era ...