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Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... una locura, una idea terrible… pero también sabía que si la dejaba ir ahora, jamás tendrían cierre. Quizá ambos necesitaban aquello para poder seguir con sus vidas. Asintió casi imperceptiblemente, tragando saliva—. Tu coche… ¿has venido en coche? Carlota negó—. Taxi. Miguel entonces deslizó su mano en el bolsillo del abrigo colgado en su silla y sacó las llaves que Luis le había dado—. Luis me ha dejado su piso… está a cinco minutos en coche. Carlota entendió al instante. Se mordió el labio inferior, echando un vistazo fugaz a su alrededor—. Vámonos de aquí, entonces. No hicieron falta más palabras. Dejaron algo de dinero en la mesa para pagar los cafés y se marcharon con prisa. En el trayecto a la salida llamaron a un taxi por la app para no perder tiempo parándolo fuera. Todo ocurrió casi en silencio; apenas intercambiaron alguna mirada cargada de anticipación y miedo. El taxi los dejó enfrente del edificio de Luis y Marta en un abrir y cerrar de ojos. Pagaron rápidamente y entraron. Miguel tuvo un breve momento de lucidez preocupado: “¿Y si Marta o Luis han vuelto ya?”, pensó. Pero era poco probable, y además Luis seguramente le habría avisado si fuese así. Subieron en el ascensor sin rozarse, conteniendo la tensión como una goma a punto de romperse. En cuanto la puerta se cerró tras ellos al entrar al piso vacío, Miguel no aguantó más. Se volvió hacia Carlota y ella se lanzó prácticamente a sus brazos. Sus labios se encontraron en un beso ...
... desesperado, cargado de años de añoranza reprimida. Miguel la empujó suavemente contra la pared del recibidor mientras la besaba. Las manos de ambos empezaron a explorar bajo la ropa sin pudor alguno. Carlota gimió contra su boca, sus dedos ya enganchados en el cinturón de Miguel tratando de desabrocharlo. —Espera… —jadeó él, separándose un segundo para quitarse el abrigo y tirarlo al suelo junto con las llaves. Carlota hizo lo mismo con su bolso, que cayó olvidado. Se abrazaron de nuevo, besándose con una mezcla de pasión y rabia contenida. Había lágrimas asomando en los ojos de Carlota, pero Miguel las besó, sabiendo que no eran de tristeza sino de emoción intensa. Con torpeza, fueron deshaciéndose de la ropa camino al salón. Miguel se quitó la chaqueta, Carlota se abrió el abrigo y lo dejó caer, revelando su suéter ajustado. Miguel deslizó las manos por debajo de esa tela, encontrando sus pechos cubiertos por un sujetador lencero. Lo desabrochó sin pensarlo dos veces, ansioso por sentirla de nuevo. Carlota le quitó a él el jersey, sorprendida al ver lo mucho que se había definido su cuerpo. Acarició su pecho y abdomen con admiración antes de pegarse contra él otra vez. Miguel capturó sus labios en otro beso hambriento mientras caminaban a trompicones. Llegaron hasta la pared del salón. Allí, Miguel sujetó a Carlota por las caderas y la giró para pegar su espalda contra la pared. Sus ojos se encontraron, ambos respirando agitadamente. —Dios, te he echado tanto de ...