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Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... menos… —murmuró Miguel con voz ronca, pasando la nariz por su mejilla. Carlota cerró los ojos—. Y yo a ti… Miguel deslizó las manos a los muslos de Carlota y empezó a subir la falda que llevaba, acariciando su piel suave. Ella ya estaba casi desnuda de cintura para arriba; el suéter había quedado arrugado sobre sus pechos y el sujetador colgaba abierto. Sus tetas, ahora más grandes y llenas, quedaron al alcance de la boca de Miguel, que no dudó en inclinarse a besar y lamer uno de sus pezones rosados. —Ahh… —Carlota tuvo que morderse la mano para no gemir muy alto cuando Miguel chupó con ansia, como recordando el sabor de su piel—. Miguel, por favor… —¿Qué necesitas? —preguntó él, aunque presentía la respuesta. Bajó una mano entre sus cuerpos, tocando sobre las bragas de encaje que Carlota llevaba. Las notó húmedas al instante. —Te necesito a ti… dentro… ya —soltó ella sin vergüenza, moviendo las caderas hacia su mano, buscando más fricción. Miguel gruñó suavemente. Oír a Carlota pedir eso reavivó cada fibra de su ser. Con movimientos apresurados, bajó las braguitas de Carlota hasta media pierna. Ella las terminó de patear fuera y Miguel la tomó de la cintura para girarla de cara a la pared. Carlota apoyó las manos en la pared, sacando instintivamente el culo hacia él en una pose de súplica. Miguel apenas podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero el deseo lo dominaba por completo. Bajó la cremallera de sus vaqueros y liberó su erección, que había ...
... estado presionando dolorosamente contra la tela. La agarró con una mano, acercándose hasta que la punta rozó los pliegues empapados de Carlota por detrás. —¿Sin condón…? —murmuró él en último atisbo de razón, deteniéndose un segundo. —Sin condón… —confirmó ella girando el rostro para mirarlo con lujuria—. Solo hazlo… Te lo suplico. Eso fue todo. Miguel empujó sus caderas hacia adelante, penetrando a Carlota con una estocada lenta pero constante, hundiéndose en su interior caliente y resbaladizo. Ambos dejaron escapar un largo gemido que resonó en la estancia. Carlota sintió cómo la llenaba por completo; su sexo se estiró para acomodar ese grosor y longitud que tan bien recordaba. La sensación directa, sin preservativo de por medio, hizo que se le nublara la vista de placer. —Dios… qué rico… —sollozó, apoyando la frente en la pared. Miguel apretó los dientes al sentir la apretada humedad envolverlo centímetro a centímetro. Puso las manos sobre las caderas de Carlota y comenzó a moverse, sacándola parcialmente solo para volver a embestir, tomando un ritmo medio pero firme. El sonido de sus cuerpos chocando llenó el aire. Miguel observó cómo las nalgas de Carlota rebotaban contra su vientre en cada arremetida. No pudo resistir la tentación de dar un azote suave a una de ellas, recordando cuánto le gustaba a ella ese puntito travieso. —Ah… sí… —gimió Carlota al sentir la palmada, empujando más el culo hacia él. Miguel sonrió entre jadeos y repitió el ...