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Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... personalidad… Ambos se rieron ante la broma. La conversación, lubricada por la cerveza, empezaba a volverse más franca y subidita de tono, como en los viejos tiempos. Era inevitable: Miguel y Luis habían compartido todo tipo de confidencias y experiencias en su época universitaria, incluidas algunas bastante íntimas. —Tú no te imaginas, Miguel —dijo de pronto Luis, con voz ligeramente más baja y una sonrisa pícara—. Marta es insaciable. Me tiene frito, tío… hay días que llego muerto de currar y aun así quiere marcha. Miguel arqueó una ceja, riendo—. Vaya, vaya… ¿y puedes con el ritmo? Luis se encogió de hombros con aire fanfarrón—. ¡Por supuesto! Aunque… bueno, digamos que a veces me toca tomarme un respiro en el curro porque me deja seco por la mañana —comentó guiñando un ojo, lo que hizo que Miguel soltara otra carcajada. —Eres un mamón —negó Miguel divertido—. No cambias. Oye, ¿te acuerdas de…? Miguel no terminó la frase, pero ambos sabían a qué se refería. El recuerdo de ciertas noches compartidas flotó en el aire. En la mirada de Luis brilló un destello de picardía y complicidad. Sí, claro que se acordaba: de aquellas madrugadas en la habitación del colegio mayor, cuando la tensión sexual podía con ellos y acababan dándose alivio mutuo. —Claro que me acuerdo… —musitó Luis, jugando con el vaso vacío entre las manos—. Menudas locuras nos llegamos a montar tú y yo. Miguel sonrió medio avergonzado, medio nostálgico—. Éramos unos críos salidos, ...
... tío. —Y lo seguimos siendo, ¿no? —apuntó Luis en broma, aunque su tono tenía un matiz travieso. Sus miradas se encontraron un segundo. Miguel notó un cosquilleo extraño en el estómago. No era algo incómodo, al contrario: era casi divertido comprobar que, tras tantos años, seguía habiendo esa confianza total con Luis. Podían hablar de haberse hecho pajas o mamadas como quien recuerda travesuras de la infancia. Para cuando se dieron cuenta, la tarde había dado paso a la noche. Entre risas y copas, terminaron un par de cubatas más después de las cervezas. Con la euforia del alcohol y el buen rollo de la reunión, decidieron que era hora de volver al piso de Luis antes de que ninguno pudiese arrepentirse de la borrachera al día siguiente. Pagaron la cuenta y, cantando un villancico a grito pelado solo para molestar, caminaron apoyándose el uno en el otro hasta el coche. La carretera a esas horas estaba casi vacía. Luis conducía concentrado —no había bebido tanto como para no poder hacerlo, y Miguel le había insistido en que estaba bien—, mientras Miguel cabeceaba satisfecho en el asiento del copiloto. Llegaron al apartamento de Luis y Marta alrededor de medianoche. —Shhh… —Luis se llevó un dedo a los labios, exagerando el gesto de silencio al entrar al edificio—. A ver si vamos a despertar a los vecinos. Miguel se rió por lo bajo mientras subían en el ascensor. Estaban contentos, algo achispados pero más que nada alegres de reencontrarse. Cuando finalmente entraron en ...