1. Compañeros - Capítulo 28: El final


    Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... el piso, la vivienda estaba a oscuras y silenciosa. Marta aún no había llegado de la cena con sus amigas.
    
    —Bueno, bienvenido a mi humilde morada —susurró Luis con teatralidad, encendiendo solo una lamparita en el salón para no deslumbrarse.
    
    Miguel dejó su abrigo y se estiró los músculos—. Gracias, tío. Menudo día largo… entre el viaje y la fiesta que nos acabamos de pegar —comentó en voz baja también, dejándose caer en el sofá con alivio.
    
    —Ya ves —Luis apareció con dos cervezas más de la nevera y le pasó una—. La última antes de dormir, ¿no? Por los viejos tiempos.
    
    —Venga, va —aceptó Miguel, destapando la botella y chocándola suavemente con la de Luis—. ¡Salud!
    
    Tomaron un sorbo en silencio. En la penumbra del salón, solo iluminados por la luz cálida de la lámpara de mesa, ambos se quedaron pensativos un instante. Estar allí juntos de nuevo después de tanto tiempo les removía emociones. Todo se sentía igual… y a la vez distinto.
    
    —Tío, qué fuerte que estés aquí —musitó Luis finalmente, sonriendo de lado—. Casi puedo imaginar que mañana tendremos clase y nos levantaremos en aquella puta habitación helada del colegio mayor.
    
    Miguel rió entre dientes—. Ni lo digas, qué frío pasábamos. —Lo miró—. Aunque se estaba de puta madre allí contigo de compi. Lo echo de menos a veces.
    
    —Yo también, tronco —admitió Luis. Apuró otro trago de cerveza—. Echo de menos la vida fácil de estudiante: entrenar, salir de juerga, hacer el ganso contigo y los demás… y bueno, ...
    ... alguna que otra guarrada también.
    
    Miguel notó que el corazón le latía un poco más rápido ante esas palabras. Mantuvo la mirada en la botella, con una sonrisilla—. Ya… Esas cosas también las echa uno de menos.
    
    Luis se pasó la lengua por los labios, como pensando qué decir. Al final soltó una risita—. ¿Sabes? Estoy un poco pedo, pero me acuerdo perfectamente de cómo te corriste aquella vez que…
    
    —¿Cuál de todas? —bromeó Miguel, carraspeando. Le ardían un poco las mejillas por la mezcla de alcohol y recuerdos picantes.
    
    —Hombre, de la primera vez… Cuando terminamos los dos llenos de lefa y partiéndonos de risa porque casi nos pillan Jordi y Arnau al entrar sin avisar —soltó Luis.
    
    Miguel se tapó la cara un instante, muerto de risa silenciosa—. ¡Calla, cabrón! Qué vergüenza pasé pensando que nos habían oído…
    
    —Pero valió la pena —repuso Luis con voz ronca y divertida—. Teníamos unas calentadas encima impresionantes.
    
    Hubo un momento de silencio cargado de complicidad. Ambos amigos se miraron de reojo. Miguel sintió su propia entrepierna reaccionar al recuerdo. No podía evitarlo: por mucho que estuviera enamorado de su novia, la conexión física que tuvo con Luis en aquellas pocas ocasiones era especial por su morbo y su secretismo. Y tal vez por el alcohol, o por la intimidad de estar solos de nuevo a medianoche, sintió una punzada de curiosidad… ¿Seguiría siendo igual de excitante si volvieran a hacerlo?
    
    Luis dejó la cerveza a un lado y se llevó una mano a la nuca, ...
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