1. Compañeros - Capítulo 28: El final


    Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... incómodo pero tentado a la vez—. Buf… Qué calentón me está entrando recordando esas movidas —confesó en un murmuro casi inaudible.
    
    Miguel tragó saliva, notando su boca repentinamente seca. Decidió dejarse de rodeos; al fin y al cabo, con Luis siempre había podido hablar claro—. A mí también, la verdad.
    
    Luis alzó la mirada, sorprendido pero divertido—. ¿Ah, sí? Mira el formalito Miguel…
    
    —Qué formalito ni qué hostias —soltó Miguel con media sonrisa borracha—. ¿Quién te la chupó hasta correrte, eh? Dos veces que yo recuerde.
    
    Luis rió, relajándose al ver que Miguel hablaba abiertamente—. Pues el mismo que se dejó follar la boca por mí después —soltó con picardía.
    
    Se miraron con ese aire desafiante y cómplice a la vez. No hacía falta decir nada más claro. Entre ellos no había tabúes. No se consideraban gays —cada uno estaba con su chica—, pero lo que hacían juntos era un alivio sexual entre amigos, algo que ninguno compartía con nadie más. Un secreto excitante.
    
    —¿Entonces qué? —murmuró Miguel, levantando las cejas en un gesto que era mitad pregunta, mitad invitación.
    
    Luis se lamió el labio inferior, ya sin disimular que sus ojos bajaban un segundo hacia la bragueta de Miguel—. Yo… no digo que no, pero sin mariconadas sentimentales, ¿eh? —advirtió en tono de broma—. Solo… ya sabes, como colegas.
    
    Miguel soltó aire que no sabía que contenía. Su corazón latía acelerado, pero no de nervios sino de anticipación—. Claro, tío. Sin líos, solo un poco de… ...
    ... entrenamiento, por así decir.
    
    Luis se rió por lo bajo y dejó su botella en la mesa. Miguel hizo lo mismo. Durante unos segundos, ambos se quedaron quietos, mirándose fijamente en el silencio de la sala. Era raro y a la vez excitante estar a punto de repetir aquellas “guarrerías”, como ellos mismos las llamaban, después de tantos años. Pero la confianza entre ellos era única; sabían que no habría consecuencias ni incomodidades después.
    
    Fue Luis quien se acomodó primero, repantigándose en el sofá y llevándose ambas manos al cinturón para desabrocharlo. Miguel sintió un hormigueo de deseo al verlo: era como retroceder en el tiempo. Él también se desabrochó el pantalón vaquero y se lo bajó un poco, liberando la presión sobre su entrepierna.
    
    —Joder… —murmuró Luis al ver la forma dura que ya marcaba el calzoncillo de Miguel—. En serio no ha encogido nada, cabrón.
    
    Miguel se rió entre dientes—. ¿Querías que encogiera? Ni que esto fuera el circo.
    
    Con decidida desenfado, Miguel metió la mano bajo la cinturilla de su bóxer y sacó su polla fuera, ya semierecta por la excitación acumulada del recuerdo. Luis no se quedó atrás: se deshizo de sus pantalones por completo, quedándose en calzoncillos, y se bajó también la prenda interior hasta medio muslo, dejando al aire su grueso y morcillón miembro, que empezaba a alzarse.
    
    —Qué gusto tenerla libre —suspiró Luis cerrando los ojos un instante mientras tomaba su polla con la mano. Empezó a pajearse lentamente, echando la cabeza atrás ...
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