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El Lobo del Rancho
Fecha: 04/10/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... barnizada —se deslizó dentro de su carne dolorida con un gemido suyo. Caliente. Pesado. Perfecto. El rancho, antes lúgubre, ahora respiraba a su alrededor. Los olores eran más vivos: la tierra húmeda, la sangre seca del chivo en el corral, el aceite de los diarios que aún impregnaba sus sábanas. Cuando cerró los ojos para dormir de nuevo, sonrió. … La noche olía a pólvora y deseo cuando Gimena recibió a sus amigas en el rancho. Ana y Fabiola rieron entre copas de mezcal, burlándose de las "historias de lobos" mientras señalaban las vacas. —"¿En serio nos hiciste viajar hasta aquí por un cuento de hadas perverso?" —Fabiola bebió, manchando su blusa escotada. Gimena solo sonrió, ajustándose el collar de colmillos que ya nunca se quitaba. Entonces, Él llegó. El Nahual emergió de la oscuridad con un rugido que heló la sangre. Ana dejó caer su copa. Fabiola gritó, pero no por miedo—sino porque la bestia la señaló con una garra brillante. —"Esa", gruñó, oliendo el aire— "La puerca." Gimena asintió, emocionada. —"Fabiola… corre." —susurró, mientras el Nahual se erguía sobre su amiga. Fabiola intentó huir, pero tropezó con su propio vestido. El Nahual la atrapó por la cintura, rasgando la tela con un movimiento. —¡NO! ¡GIMENA, POR—! El grito se convirtió en gemido cuando la bestia hundió dos garras en su trasero, estirando el anillo virgen con sadismo. Ana, lejos de horrorizarse, se desabrochó los jeans con manos temblorosas. —"Dios… yo ...
... quiero lo siguiente", jadeó, metiendo dos dedos en su propio trasero mientras miraba cómo el Nahual empalaba a Fabiola con un solo embate. Gimena rio, acariciando su tapón de madera sobre la ropa. Fabiola gimió, derrumbándose sobre las tablas del porche mientras su cuerpo expulsaba a chorros la esencia espesa del Nahual. La semilla blanca y brillante mezclada con hilos de su sangre caía entre sus muslos temblorosos. —"No puedo... sentarme...", lloriqueó, pero sus ojos brillaban con una excitación que negaban sus palabras. El Nahual ya se había vuelto hacia Ana. Ella no esperó. Se arrodilló, pechos al aire, dedos aún enterrados en su propio trasero—preparándose, abriéndose. —"Yo no necesito que me persigan", jadeó, arqueando la espalda como una gata en celo— "Sé exactamente lo que quiero." Gimena observó, orgullosa, mientras el Nahual reía—un sonido que hizo vibrar los vidrios de la casa. —"La otra cerdita aprende rápido", gruñó, agarrando a Ana por las caderas. No hubo preliminares. La penetración fue brutal, un solo movimiento que hundió hasta el nudo en el trasero virgen de Ana. Ella aulló, pero no de dolor—de triunfo. —¡SÍ! ¡ROMPEME, MALDITO!— Fabiola, aun jadeando, arrastrándose para mirar: —"Dios... cómo rebota...", murmuró, viendo cómo el vientre de Ana se abultaba con cada embestida, en el momento exacto en que Ana gritaba, llegando al clímax mientras el Nahual la preñaba. Epilogo: Las semanas pasaron entre susurros y preparativos. Ana y ...