-
Mi esposa me puso los cuernos con dos vendedores ambulantes
Fecha: 10/10/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Fornicatorix, Fuente: CuentoRelatos
... rubias estaban bocabajo, pero la otra chica estaba con la cara al sol y tenía sus piernas algo abiertas. Su tanga amarillo se le había desplazado un poco y dejaba al descubierto parte de su coño. Al ver ese coñito joven casi al descubierto me excité y noté cómo mi polla se me empezaba a poner dura bajo mi ajustado bañador. Silvia se percató enseguida de mi erección y me dijo: –¿Lo ves? A ti ya te ha puesto caliente. Mira como tienes ya la polla. –Silvia, por favor. Uno no es de piedra. Eres tú la que me has dicho que mirase –le comenté. Para no aguantar más su enfado decidí ir a dar un paseo por la orilla. Regresé al cabo de unos 30 minutos y por entonces las tres chicas estaban en la orilla jugando a las palas. Mi mujer se estaba bañando, así que quise acompañarla y preguntarle si se le había pasado ya el enfado. Me extrañó su reacción, pues se mostró muy cariñosa y juguetona conmigo. Empezó a acariciarme la polla debajo del agua y sobre mi bañador. Yo le masajeaba sus pechos tapados por el agua. La playa había empezado a quedarse desierta y exceptuando las tres jóvenes extranjeras, en aquella zona solo quedaba una señora mayor tomando el sol, pero algo alejada de nosotros. Seguimos un poco con nuestros juegos bajo el agua, lo que hizo que mi verga estuviera totalmente erecta y dura aprisionada por el ceñido bañador. Silvia me leyó el pensamiento y me dijo: –Aquí no me apetece follar, ahora después cuando lleguemos al apartamento. Me dio un beso y empezó ...
... a salir del agua. Yo la seguí y señalándole a mi polla tiesa le dije que me había dejado muy caliente y con unas ganas enormes de sexo, pero volvió a insistir en que esperase a la noche. Al pasar por delante de las tres jóvenes que seguían jugando a las palas, la pelirroja no se cortó ni un pelo y me miró mi bulto de la entrepierna de forma descarada y con los ojos abiertos como platos. Silvia se dio cuenta y cuando llegamos a nuestras toallas me comentó: -¿Has visto cómo te ha mirado, no? Casi se le salen los ojos. Estas tres vienen buscando sexo, créeme. Estoy segura de que si ahora te dejase aquí solo, se te acercaban buscando follar contigo. Yo no dije nada y me tumbé en la toalla. Lo mismo hizo mi mujer. Vi que la chica pelirroja dejaba a sus amigas jugando a las palas y que se acercaba a su toalla. Sin embargo, pasó de largo y se dirigió a una zona de matorrales que había detrás. Se introdujo entre los matorrales y se detuvo. Estaba semioculta, solo se le veía la cabeza. Mi mujer también se había percatado de la acción de la chica y me preguntó: -¿Y ahora que estará haciendo entre los matorrales? -Lo normal es que esté haciendo pipí. ¿También te va a molestar eso? –le contesté. –Voy a aprovechar que tengo ganas de orinar, lo voy a hacer entre los matorrales y de camino veo que está haciendo la extranjera, que tarda ya mucho en salir para estar haciendo un simple pipí. –me dijo Silvia. Se levantó, se encaminó hacia los matorrales, se puso a un par de ...