-
Qué iba a saber yo (6) Sin saber por qué
Fecha: 24/10/2025, Categorías: Gays Autor: Bartowski, Fuente: TodoRelatos
... mis caderas ejerció presión, haciendo que expusiera más mis nalgas, facilitando el roce. Ahora, cada vez que pasaba su miembro entre mis glúteos, sentía cómo acariciaba y mojaba de líquido preseminal mi orificio virgen. —Hen… Henry… —estaba expuesto. Sentía todo mi cuerpo en ebullición. Me apreté a él, curvando la espalda, y llevé la mano libre a una de sus peludas nalgas. —No sé si estoy preparado. Henry respondió besando mi cuello. Subió hasta mi oreja, la mordió con suavidad, y susurró: —Relájate… Alargó la vocal tónica con una dulzura inquietante. Tras una breve pausa, continuó: —Ya sabes que no vamos a hacer nada que tú no quieras hacer, mi niño. Me quedé mudo. “Mi niño.” ¿Cómo que mi niño? Sé que estuve en silencio un rato más largo de lo normal, procesando lo que acababa de salir de su boca. No lograba entender qué clase de juego mental estaba usando conmigo. Lo que sí supe… fue que mi corazón se aceleró todavía más. Y que mi cuerpo se apretó aún más contra el suyo. Finalmente, asentí en respuesta y, girando la cabeza, le di un largo beso. Fue el timbre lo que nos sacó, al menos a mí, de toda esa atmósfera de lujuria que estábamos creando. Tenía el examen de matemáticas ahora. Tenía que ir. No podía faltar. No cuando le prometí a John que no lo defraudaría. Henry ya se había escupido en la palma de su mano y la llevaba hacia mi agujero para lubricarlo. Al notar su mano mojada, me aparté. —John… digo ¡Henry! —dije, ...
... equivocándome sin querer. Él me miró extrañado mientras se acariciaba el miembro con suavidad. —¿Qué pasa ahora, Zack? Me di la vuelta y me vestí de nuevo. —Tengo que ir a clase… Cuando me escuchó, se acercó a mí con el ceño fruncido y me agarró la muñeca con fuerza. —¿Cómo que tienes que ir a clase? ¡Pero si tú pasas de todo! Espera… ¿te has asustado, verdad? Resopló, cerró los ojos unos instantes, y dibujó una media sonrisa escéptica. Como si no pudiera creer en su propia mala suerte. —Me… me haces daño —dije en un hilo de voz, notando la presión en la muñeca. Desvió la mirada hacia nuestras manos y me soltó. —Lo siento. No era mi intención… —No pasa nada —bajé la mirada, frotándome la muñeca en silencio—. Henry, tengo que hacer el examen. Pausé un momento, y añadí: —Es… es importante. Impotente, se encogió de hombros y alzó los brazos para dejarlos caer junto a su cuerpo. —Bueno… pues nada —dijo con cierto retintín, y se miró el miembro, todavía erecto—. En fin… Se giró hacia los lavamanos y apoyó las manos en uno de ellos, mirando su reflejo en el espejo. —Lo siento… —logré decir, y busqué mi propio reflejo en el cristal. Seguía sonrojado por el momento de calentura. Henry se miraba a sí mismo, pensativo, rascándose la barba. Vi cómo su reflejo desviaba la mirada hacia mí. —No es culpa tuya, Zacky… —dijo, con un tono más sereno, y guardó su miembro, que ya estaba morcillón. —Va, ve a hacer el examen —concedió—. Y… suerte con ...