1. Buenas nuevas experiencias


    Fecha: 12/11/2025, Categorías: Gays Autor: Argentinocalent, Fuente: CuentoRelatos

    Venía experimentando cierto aburrimiento en cuanto a mi vida sexual en Buenos Aires.
    
    En un pasado había usado aplicaciones de citas, pero no las usaba más de un mes. Sacaba los contactos que me interesaban, me agregaban a IG, pero era siempre lo mismo.
    
    Si bien experimenté en el gimnasio, en la reserva ecológica, en un sauna, pero eran cosas esporádicas y cogía siempre con los mismos que sacaba siempre de los mismos lugares.
    
    Una tarde de mis vacaciones, aburrido, decido bajar una famosa aplicación de citas gays. Subo mis fotos, una escueta descripción, 1,85 cm, activo 23×8 de Cañitas, con lugar, sin drogas, higiene.
    
    Al instante de haberse aprobado mis fotos comienzan a caer decenas de mensajes, de pasivos, versátiles, activos, parejas, parejas hombre – mujer, dentro de todo eso, bastante de lo que ya había en IG, X y otras redes.
    
    Un mensaje me llamó la atención. Un masajista, fotógrafo, artista, de todo un poco. No era lo convencional que se suele ver. Delgado, tez trigueña, casi andrógino, pelo algo largo, 1,75, se describía como 1000% pasivo (si, mil por ciento pasivo); a lo que dije: ¡guau! Finalmente, cruzando unas palabras más, ¿de dónde eres? ¿Tienes lugar? Etc.; acepté ir a su consultorio. Quedamos en vernos pasadas las 18 h ya que él tenía que terminar con una clase de yoga.
    
    Me puse un slip blanco, una remera negra, jean, y zapatillas, tomé el auto y salí a la ubicación que me había pasado.
    
    Era un edificio de lo más común y corriente. Toqué ...
    ... timbre, me anuncié, luego de 7 min esperando a que bajara, finalmente lo hace, vestido de una especie de túnica blanca, el pelo negro largo suelto, sandalias,… imagen típica de gurú. Internamente pensaba que ya que me vine hasta acá y el vestido así de esa manera, esto tenía que valer la pena.
    
    Se acomoda el pelo frente al espejo del recibidor que estaba frente al ascensor, camina hacía la entrada, abre la puerta y me dice: Hola, ¡bienvenido! ¡Guau, que alto sos! (y me da un abrazo). Yo con cierta vergüenza, hice unas palmadas en su espalda, y le respondí, ¿qué tal? ¿Todo bien?
    
    Me responde: ¡vení, pasa!
    
    El ascensor de ese edificio era minúsculo. Había lugar solo para dos personas delgadas y de baja estatura pero los dos entrabamos algo apretados.
    
    Llegamos al 9º y último piso donde él reside.
    
    Me hace pasar y era un luminoso ambiente con un balcón terraza muy lindo. Todo olía a sándalo, incienso, etc. Se lo veía un espacio muy limpio y amplio a diferencia del ascensor. En un costado se veía una camilla, con un biombo plegado que se nota que es donde hace los masajes que me había ofrecido, a unos escasos metros, otro espacio con almohadones y una alfombra donde hace clases de Yoga y en otro costado pegado a la ventana, el famoso tatami y un mueble bajito con cremas, aceites, plantas. Enfrente un sillón y afuera en el balcón, muchas plantas, dos sillones de mimbre, una pequeña mesita, y en un extremo me llamó la atención una especie de enrejado con cintas negras.
    
    Me ...
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