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La vida (4)
Fecha: 12/11/2025, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
... el juego, lo seguí y riendo dije “¿Y quién es el puto?” Nueva carcajada de Javi, que me respondió “¡¿Y quién va a ser, boludito?! ¡¡¡Vos!!! Durante este intercambio Joaco había puesto su mano en mi hombro derecho, cruzando sobre mi espalda, y la dejó allí. Levanté mi mirada hacia él, en busca de una pista acerca de que tipo de broma era esta. Estaba serio, su expresión me resultó indescifrable. Mirándome a los ojos, solo me dijo “Vos perdiste”. Reí confundido; pasé mi mirada de uno a otro. Sin que me diera cuenta se habían acercado y me rodeaban, yo era el centro de algo que no entendía. Joaco puso su otra mano sobre mi hombro libre, moviéndose un paso de costado hasta quedar casi justo detrás mío. En ese momento sentí el golpe de nuestra clásica treta escolar: un rodillazo detrás de la pierna que, si te tomaba distraído, te hacía caer arrodillado. Pero yo no llegué a caer, tampoco pude mantenerme en pie. Cuando mis piernas se aflojaron, Joaco me sujetó por ambos hombros evitando que cayera y a la vez ejerciendo la presión necesaria hacia abajo como para obligarme a arrodillarme pero sin golpearme. Pero no se detuvo allí; para mi desconcierto, una vez arrodillado siguió empujándome, de manera tal que me condujo a tenderme boca abajo, cruzado sobre la colchoneta arrollada, y se sentó sobre mi espalda. “¿Qué hacés, Joaco?” pregunté cada vez más sorprendido y tratando inútilmente de salir de la posición a que me había llevado, cosa que me impidió su ...
... peso. Desde allí abajo la situación cada vez me gustaba menos. Los muchachos me rodeaban, Javí se reía de una manera inquietante y sus pijas dejaron de parecerme una curiosidad similar a la de mi hermano. Este, cada vez que lo sorprendía con el pito parado, me corría por toda la casa jurando golpearme hasta cansarse, pero yo lo frenaba simplemente buscando las faldas de nuestra madre. Ahora estaba en el centro de un circulo de seis adolescentes a simple vista bastante excitados. “¡Soltame Joaco, ¿qué hacés?!” volví a insistir, tratando de girar mi cabeza para mirarlo. “No luches, Betito, por favor…” me respondió con vos calma. Cada vez más confundido y comenzando a inquietarme seriamente, traté de entender el chiste, pero ¿por qué no tenía que luchar? ¿contra qué esperaba Joaco que yo luchara? Entonces dijo “Escupanlo bien…”, y todos riéndose se dirigieron hacia detrás de él, donde estaban mis piernas y yo no alcanzaba a ver por más que lo intentaba. Sentí unas manos que separaban mis nalgas y abundantes escupitajos cayendo entre ellas. “¿Esta era la broma?” pensé para mis adentros “¡¡Que asco!!” “¡Salgan, putos de mierda!” exclame, “¡que asquerosos!”, “¡¿y ahora, cómo me pongo el calzoncillo sin ensuciarlo?! ¡Que cerdos…!” Javi, que parecía haberse aburrido de escupirme y se había parado a un costado. me dijo riéndose mientras se masajeaba la pija “¿Ponerte los calzoncillos? No te calentés por eso, falta mucho para que te los vuelvas a poner…” Esta ...