-
La vida (4)
Fecha: 12/11/2025, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
... contestación y su expresión me inquietaron mucho, y comencé a sacudirme bajo Joaco, tratando de escapar. “Los brazos”, sentí la voz de Joaco. Juanjo entró en mi campo de visión, tomó mi mano derecha y me forzó a estirar el brazo hacia mi costado hasta ponerlo perpendicular a mi cuerpo. Al mismo tiempo, alguien realizaba el mismo movimiento con el izquierdo, por lo que giré mi cabeza, viendo a Pedro. “¡Sueltennn…!”, exclamé, casi en el mismo momento en que Juanjo retorcía mi mano girándola sobre si misma, con lo que me obligó a tratar de seguir el giro con mi cuerpo para aliviar un poco el dolor mientras se me escapaba un fuerte “¡Aaaayyyyyy…!”, con lo que quedé totalmente acostado y cruzado sobre la colchoneta arrollada e incapaz de moverme. Junto con mi grito Joaco se tendió sobre mi y puso su mano derecha bajo mi cara, tapando mi boca firmemente. Con su boca junto a mi oreja, lo escuche casi susurrar “No luches, Betito, por favor no luches…”. Sentí una de sus rodillas introducirse entre mis piernas, luego la otra. En su siguiente movimiento utilizó ambas rodillas para obligarme a abrir mis propias piernas por completo. Alguien se sentó sobre cada una de ellas; supe que eran los gemelos, por que eran los únicos libres y Javi funcionaba como un privilegiado espectador que giraba alrededor nuestro observando atentamente mientras se reía. Ya no creía que todo fuera una broma cuando sentí a Joaco moverse ubicando bien sus caderas sobre mis nalgas; pero tampoco ...
... encontraba forma de resistirme, me sentía superado. “Abranle los cantos”, dijo Joaco. Las manos de los gemelos (otros no podían ser…) se introdujeron entre nuestros cuerpos y sujetando mis carnes tiraron hacia afuera por ambos costados. Recién entonces me di cuenta que eso duro y cálido que estaba contra mi espaldas, y ahora buscaba espacio entre mis nalgas era la pija de Joaco. “¿Está bien abierto?”, preguntó. Uno de los gemelos respondió “Me parece que sí, pero esperá…” Ahora metieron ambas manos hasta tocarse entre nuestros cuerpos y volvieron a tirar de mis carnes con fuerza. En medio de mi vergüenza e incomodidad sentí que le decían “Más de eso no podemos, Joaco”. Yo no era para nada gordo ni muy nalgón, aunque tenía el culo redondo de casi todos los chicos de mi edad, así que por la forma en que tiraban sabía que era casi seguro que mi culo estaba totalmente a la vista. Por el calor que sentía, hubiera jurado en ese momento que la pija estaba apoyada de costado contra mi agujero. El calor en mi cara (la sentía arder) ¿era vergüenza, miedo…?, no lo sabía. La mano de Joaco, ademas de impedirme hablar, sujetaba con firmeza mi cabeza junto a la suya, sin que pudiera moverla hacia ningún lado. Así estaba cuando Joaco nuevamente dio una indicación, “Javi, ayudame a apuntarlo” dijo. Este soltó una risita diciendo “¡Con mucho gusto!” y lo perdí de vista cuando salió de mi campo visual. Desde el espacio que nuestras piernas abiertas dejaban libre llegó su voz, “Levantala ...