1. Cuando pienso en él


    Fecha: 14/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Mi cuerpo es suyo, Fuente: TodoRelatos

    Estoy sentada en el borde de la cama, mirando hacia la ventana. Afuera, la noche se derrama sobre las calles. Sé que Alex viene de camino. Lo dijo en un audio con esa voz suya que no deja lugar a dudas, solo a obediencia.
    
    No pregunté a donde vamos, me lo ha dicho muchas veces. Solo asentí, aunque él no pudiera verme.
    
    Estoy desnuda bajo la falda. Porque así me siento más suya. Más vulnerable. Y porque sé que lo sabe. Lo sabe sin que yo se lo diga, sin que tenga que tocarme siquiera. Él lo sabe.
    
    Me arde el pecho. Estoy nerviosa. No del tipo de nervios que me hacen querer salir corriendo, sino de los que me hacen querer quedarme quieta y que él decida por mí. Me siento pequeña. Frágil. Y al mismo tiempo… tan viva. Me gusta cómo me domina, cómo me empuja sin tocarme, cómo hace que todo lo demás se desvanezca.
    
    Imagino el momento en que llegue, cuando abra la puerta del coche sin decir palabra y yo me siente sin atreverme a mirarlo directamente. Él pondrá la mano en mi muslo. No me acariciará. Solo la dejará ahí. Firme. Como si dijera: estás donde debes estar.
    
    Me imagino sus dedos deslizándose hacia el borde de la falda, sintiendo mi piel caliente, notando que realmente no llevo nada. Creo que no dirá nada. Solo sonreirá. Y esa sonrisa me hará estremecer más que cualquier palabra.
    
    El trayecto es largo. Él no me mira. Solo conduce, con una calma cruel, mientras mi cuerpo tiembla por dentro. Yo quiero decir algo, cualquier cosa, pero no me atrevo. Me siento suya ...
    ... aunque no me haya tocado aún. Y eso me excita.
    
    Cuando por fin lleguemos a su casa, él bajará primero. Abrirá mi puerta. Tomará mi muñeca. No con violencia. Con propiedad.
    
    Y una parte de mí querrá escapar. No porque no lo desee, sino porque lo deseo demasiado. Porque siento que en sus manos, voy a perderme. Y me gusta. Me gusta sentir que no tengo el control. Que él lo tiene todo planeado. Que yo solo tengo que rendirme.
    
    Me imagino contra la pared, su cuerpo cubriéndome, su voz en mi oído, diciéndome que no me mueva.
    
    Y yo… no lo haré.
    
    Estoy en su casa. En su terreno.
    
    Él no dice nada. Solo camina detrás de mí con pasos firmes, seguros, mientras yo avanzo despacio, sin saber si me lleva al salón, a su habitación… o a donde le apetezca.
    
    Su mano me sujeta por la nuca y me detiene.
    
    —No mires atrás —me ordena, y su voz me atraviesa.
    
    Obedezco. No respiro. Mis piernas tiemblan.
    
    Siento su cuerpo pegarse al mío. Su pecho contra mi espalda, su mano bajando por mi cintura, deteniéndose justo donde empieza la curva de mis caderas. Me aprieta ahí. Me sostiene, me reclama.
    
    —Sabias lo que iba a hacerte y aun así viniste —susurra, deslizando su mano entre mis piernas sin pedir permiso.
    
    Gimo. Su dedo me encuentra humeda sin dificultad y él se ríe, bajo, satisfecho.
    
    Me gira con brusquedad, empujándome de espaldas contra la pared.
    
    No me besa. No aún. Solo me mira. Me desnuda con los ojos. Sus manos suben por mis muslos, levantan la falda hasta mi cintura. Me ...
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