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Cuando pienso en él
Fecha: 14/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Mi cuerpo es suyo, Fuente: TodoRelatos
... separa las piernas con la rodilla. Abierta. Expuesta. —Tócate —ordena. Lo miro, dudando. —Hazlo. Quiero verte hacerlo. Mi mano tiembla, pero obedece. Me rozo despacio bajo su mirada fija. Él se desabrocha el pantalón con lentitud, disfrutando de cómo me derrito con cada caricia que me doy. —¿Sabes lo que pasa con las putitas obedientes?—. Que se ganan su recompensa. Entonces se inclina y, sin dejar de mirarme, me penetra de una sola embestida. Me ahogo. El cuerpo entero me tiembla contra la pared. Él me agarra fuerte de la cadera y empieza a moverse con fuerza, con ritmo, con rabia contenida. Y yo… yo me dejo llevar. Gimo. Me aprieto a él. Me rompo un poco más con cada embiste. —Dime que eres mía —gruñe junto a mi oído.—Dímelo —exige. —Sí… —Sí, ¿qué? —Soy tuya… toda tuya… —Buena chica —responde, y me toma más profundo, más fuerte, casi queriendo dejar su marca en cada parte de mí. En ese momento no soy nada. Solo carne. Solo gemidos. Solo obediencia. Y me encanta. Me tiene contra la pared, jadeando, con las piernas temblándome. Me sostiene con fuerza, clava los dedos en mis caderas como si pudiera romperme… o devorarme. Y creo que quiere hacer ambas cosas. No se detiene. Me folla duro, con una brutalidad que me desarma. El sonido de su pelvis chocando contra mi carne húmeda retumba en mis oídos igual que una orden. Cada embestida me arranca un gemido más alto, más sucio y más desesperado. No soy nada entre sus manos. Solo un ...
... cuerpo tembloroso, completamente suyo. —Mírate… —escupe, jadeando y sujetándome aún más fuerte— tan sumisa, tan puta para mí… Te encanta que te folle así, como si no valieras nada más que para esto. Asiento entre gemidos, incapaz de hablar. Busco su mirada, intentando encontrar en ella algo de misericordia, pero solo hay hambre. Pura y salvaje. —Dilo. Otra vez. Di que eres mía —Soy tuya Alex… solo tuya… —susurro, rota, completamente abierta a todo lo que quiera hacerme. Me la saca de golpe. Grito al sentirme vacía. El cuerpo me tiembla. Pero no hay descanso. Me toma del pelo con un tirón seco y me obliga a arrodillarme frente a él. Apenas tengo tiempo de respirar. —Abre la boca —ordena. Lo hago. Temblando, con los labios entreabiertos, lo miro desde abajo. Me siento pequeña. Sucia. Indefensa. Y perfecta para él. Me la mete en la boca de un golpe, está caliente, dura y palpitante. La punta me golpea la garganta sin piedad. Me agarra la cabeza y comienza a follarme la boca con fuerza, con rabia... Mis ojos se llenan de lágrimas. La saliva me escurre por el mentón. Me ahogo, pero no me detengo, me dejo usar. Quiero que lo haga. Que me destruya con su cuerpo. —Trágatela toda —gruñe—. No eres más que una puta obediente, ¿verdad? No puedo responder. Solo lo miro, con la boca llena de su polla, mientras él se sacude dentro de mí con una violencia sucia y deliciosa. Cuando por fin me suelta, jadeo, con la garganta dolorida, empapada de saliva. Él me ...