1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... vueltas.
    
    Emiliano se quedó callado, pero lo sentía tenso. Sus dedos se movían un poco, como si no supiera si relajarse o salir corriendo. Yo seguía, tratando de concentrarme en el masaje, pero mi mente estaba en otra parte. En el vello de sus empeines, en la forma en que sus venas se marcaban bajo la piel, en el calor que emanaba de él.
    
    —¿Qué, muy rico, wey? —bromeé, tratando de romper el hielo, aunque mi voz salió temblorosa.
    
    Él soltó una risa corta, nerviosa, y se rascó la barba.
    
    —No mames, wey, esto se siente raro —dijo, pero no quitó los pies. Al contrario, los dejó ahí, como si, a pesar de todo, estuviera empezando a disfrutar el momento.
    
    Y yo… yo estaba perdido. El olor, el calor, la tensión en el aire. Todo era incómodo, intenso, y jodidamente perfecto.
    
    El aire en el depa se sentía espeso, como si el calor del verano y el olor a macho de Emiliano se hubieran confabulado para volverme loco. Mis manos seguían en sus pies, presionando la planta a través de los calcetines húmedos. El sudor de sus patas se filtraba en mis dedos, y joder, cada roce me hacía sentir que estaba a punto de perder el control. Emiliano seguía ahí, con los pies en la mesa, pero su cuerpo estaba tenso, como si no supiera si dejarse llevar o salir corriendo. Sus brazos seguían cruzados, y cada tanto me echaba una mirada de reojo, como tratando de descifrar qué carajos estaba pasando.
    
    —¿Oye wey? no manches, ¿te gusta esto, verdad? —dijo de repente, con una mezcla de burla y ...
    ... nerviosismo. Su voz tenía un filo, pero también una curiosidad que no podía disimular.
    
    Yo no respondí de inmediato. Mis manos seguían trabajando, ahora un poco más firmes, deslizándose por el arco de su pie. Me atreví a apretar un poco más, y él soltó un gruñidito, como si le hubiera dado cosquillas, pero no retiró los pies.
    
    —Nomás te estoy ayudando a relajarte, wey. Tu tranqui —dije, tratando de sonar casual, aunque mi corazón estaba a punto de salírseme del pecho. Mi voz temblaba, y estoy seguro de que él lo notó.
    
    Emiliano se rió, pero fue una risa corta, insegura. Se rascó la nuca y descruzó los brazos, apoyándolos en el respaldo del sillón. Sus axilas quedaron a la vista, y el olor a sudor fresco me pegó como un derechazo. Esas axilas peludas, con vellos oscuros y húmedos, eran como un imán. Tragué saliva, intentando no mirarlo directamente, pero mis ojos se desviaban solos.
    
    —Órale, wey, pero no te pongas raro, ¿eh? —dijo, aunque su tono ya no era tan firme. Había algo en su voz, un dejo de intriga, como si él también estuviera sintiendo la tensión que flotaba entre nosotros.
    
    No sé de dónde saqué el valor, pero mis manos dejaron de masajear y, casi sin pensarlo, tiré suavemente de uno de sus calcetines. La tela se deslizó, dejando a la vista su pie desnudo, largo, venoso, con ese vello rizado en el empeine que me tenía idiotizado. El olor a sudor se intensificó, y juro que sentí un calor subir desde mi pecho hasta la cabeza. Emiliano se quedó quieto, como si no ...
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