1. Abuse a mi roomie. Gay


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Gays Autor: C-MAN.GE, Fuente: SexoSinTabues30

    ... dijo nada más, ni una palabra. La puerta del depa se abrió y se cerró con un golpe seco, y el silencio que dejó fue como un balazo.
    
    Me quedé ahí, mirando el techo, con el cuerpo temblando y la mente en blanco. No sabía qué pensar, qué sentir. Lo que había pasado era sucio, intenso, y aunque una parte de mí lo quería de nuevo, otra parte sabía que había roto algo que no se iba a arreglar. Emiliano no volvió esa noche, ni al día siguiente, ni en las semanas que siguieron. El depa se sentía vacío, como si su presencia, su olor, sus cosas, se hubieran llevado toda la vida del lugar. Sus calcetines sucios, sus tenis, la playera del Tri, todo seguía ahí, pero él no. Intenté seguir con mi rutina, ir a la uni, estudiar, pero cada vez que pasaba por el sillón o veía sus cosas, el recuerdo de esa noche me pegaba como un madrazo.
    
    Pasó un mes, un pinche mes eterno, hasta que una tarde, como a las cuatro, la puerta se abrió de nuevo. Era él. Emiliano entró sin saludar, con la misma chamarra de cuero negra y unos jeans diferentes, pero con esa misma vibra de siempre: ruda, inalcanzable. No me miró a los ojos, solo fue directo a su cuarto y empezó a meter sus cosas en una bolsa de deportes. Sus tenis, sus playeras, sus calcetines, todo lo que había dejado ...
    ... atrás. El olor a él llenó el aire otra vez, pero ahora era distante, como si ya no me perteneciera.
    
    —Voy a dejar el depa —dijo, sin voltear, mientras seguía empacando—. Me voy a vivir con mi novia. Esto… ya no tiene caso. Y da gracias que no te denuncie.
    
    No supe qué responder. Me quedé parado en la puerta de su cuarto, con las manos en los bolsillos, sintiendo que el suelo se me iba. Quería decir algo, pedirle que hablara de lo que pasó, pero su cara, fría, cerrada, me dejó claro que no había nada que decir. Terminó de meter sus cosas, se echó la bolsa al hombro y pasó junto a mí, rozándome apenas. El olor de su perfume, mezclado con ese toque de sudor que tanto me había vuelto loco, me pegó por última vez.
    
    —Vete a la verga, wey —dijo, con un tono seco. Abrió la puerta, y sin mirar atrás, salió.
    
    El portazo resonó en el depa, y me quedé solo, con el silencio y el vacío que dejó. Sus cosas ya no estaban, pero el recuerdo de su cuerpo, su olor, sus gruñidos, se quedó grabado en mí como un tatuaje. Sabía que no lo volvería a ver, que lo nuestro, si es que alguna vez fue algo, había terminado ahí. Y aunque el deseo seguía quemándome, también sabía que tenía que dejarlo ir. El verano del 2008 se acabó, y con él, todo lo que Emiliano significó.
    
    Fin. 
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