1. Fue solo un susto...


    Fecha: 26/12/2025, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    ... actitud cambió. Se acercó a una de las cabinas y, sin dudarlo, abrió la puerta con fuerza. Vi a una pareja desnuda, sorprendida, saliendo a los tropezones mientras él les gritaba, casi con desprecio:
    
    —¡Este es mío, forros! —les gritó empujándolos fuera de la cabina mientras los insultaba con tono desafiante—. Váyanse al carajo.
    
    Me quedé observando en silencio, con el pulso acelerado. Había algo en esa actitud de Darío que me incomodó, sí, pero al mismo tiempo me hacía ver que no estaba con cualquiera.
    
    Su forma de actuar me intimidó, y a la vez, me hizo sentir viva, como si todo lo que estaba sucediendo fuera parte de un juego peligroso. Y me gustaba. Me gustaba mucho.
    
    Nos metimos en la cabina y, en cuanto la puerta se cerró, me llevó hacia él, casi sin darme tiempo a procesar. Me besó con desesperación, como si me hubiera estado esperando durante horas.
    
    El roce de sus labios sobre los míos me sacudió. El sabor de la cerveza, la fuerza de su lengua, y esa necesidad palpable en cada beso, hicieron que mi respiración se volviera más errática.
    
    Al principio me quedé quieta, pensando en lo que acababa de ver, en la forma en que él había hecho desaparecer a esa pareja con un par de gritos. Me sentí extraña, aunque no podía negar el calor de su cuerpo.
    
    Él comenzó a tocarme con más insistencia, recorriéndome el cuello, los hombros, mientras su cuerpo se acercaba más al mío, presionándome contra la pared de la cabina.
    
    Sus manos se movían con una seguridad ...
    ... brutal, como si ya me conociera. Y yo me entregaba, aunque no podía evitar una parte de mí que seguía dudando. ¿Qué mierda estaba haciendo? ¿Cómo había llegado hasta acá?
    
    Intenté detenerlo, pero mis palabras se quedaban atrapadas en mi garganta. La resistencia se me fue escapando en cada caricia.
    
    —Esperá… —le susurré, con el aliento entrecortado—. Esto está… raro.
    
    —Te va a gustar, Mey—me respondió con su voz rasposa, mientras me besaba de nuevo, apretándome más fuerte contra él.
    
    Antes de que pudiera hacer nada, él dejó de besarme y, mirándome directo a los ojos, me dijo:
    
    —La vas a pasar muy bien.
    
    No sé en qué momento me dejé arrastrar tan fácil, pero ahí estaba, encerrada con él en esa cabina de baño mugrosa, con la espalda apoyada contra la puerta.
    
    —¿Te das cuenta lo que hacés? —me dijo, apoyando una mano en mis tetas.
    
    —Callate —le solté, medio riéndome, medio temblando—. Haceme algo o me voy.
    
    No se apuró. El forro me apretó la cintura con una mano y me giró contra la pared, sin violencia, pero firme. Me lamió el cuello despacio, con esa lengua tibia que me hizo jadear apenas, mordiéndome los labios para no largar el sonido completo.
    
    —Estás divina —me dijo al oído, bajándome el pantalón con una lentitud cruel—. Y eso me encanta.
    
    —¿Ah, sí? —le dije y me reí bajito.
    
    Me empujó despacio para que me arrodillara. El piso era frío, asqueroso, pero no me importó nada. Tenía en la cabeza una sola cosa: bajarle el pantalón y sentirlo en la boca.
    
    Cuando ...
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