1. Fue solo un susto...


    Fecha: 26/12/2025, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    ... lo hice, me mordí el labio apenas lo vi. Su pene estaba duro y caliente. Me encantó cómo respiró cuando se lo agarré y empecé a chuparlo con ganas. Me llenaba la boca con su verga y las babas me bajaban por el mentón.
    
    —Qué puta sos —me dijo entre dientes, pasándome una mano por el pelo, tirándome hacia él—. Mirá cómo te gusta.
    
    No le respondí. Solo lo miré desde abajo sintiendo cómo se tensaba, cómo se le escapaban los jadeos. Me sentí sucia, pero deseada.
    
    Luego, con la verga chorreando, me agarró de los brazos y me puso de pie otra vez. Me dio vuelta y me abrió las piernas. Ahí supe que venía lo bueno. Lo que estaba esperando desde que me metí con él.
    
    —Ahora sí, puta linda —me dijo en el oído—. Te voy a coger toda.
    
    Me empujó contra la pared con violencia y me abrió con una sola embestida profunda. Solté un gemido ronco y ahogado.
    
    Sentí cómo me llenaba entera. El sonido de nuestros cuerpos chocando era sucio, obsceno, húmedo. Sentía que golpeaba cada vez más rápido, más fuerte.
    
    Me agarró de las caderas y me embistió más profundo todavía, con movimientos cortos, duros, sin tregua.
    
    Después me cambió de posición de un tirón. Me giró, se colocó en el inodoro y me hizo sentar encima suyo. Me bajé sola, desesperada, sintiéndolo entrar otra vez.
    
    Me aferré a sus hombros, le marqué mis uñas. Mi pelo estaba despeinado, el corazón me explotaba en el pecho y las tetas sobre la remera le rozaban el torso sudado constantemente.
    
    Mis músculos se contraían solos, ...
    ... sentía la tensión acumularse en mi cuerpo. Él gruñía, me agarraba más fuerte, y yo saltaba como si no hubiera mañana.
    
    Sentí cómo me apretaba fuerte los pezones. Yo ya no podía sostenerme bien, las piernas me temblaban, el cuerpo me latía entero, pero todavía no… todavía no estaba satisfecha.
    
    De golpe, largó un gruñido ahogado, su respiración rota. Me abrazó tan fuerte que casi me quedo sin aire y lo escuché gemir, como si se le estuviera yendo el alma por la boca. “La puta madre…”, murmuró contra mi cuello, mientras lo sentía acabar adentro, caliente y profundo.
    
    Tardé unos segundos en entender. Se vino. Adentro. Así. Sin decir nada. Sin preguntar. Sin avisar.
    
    Me quedé quieta, helada, con el cuerpo en pausa mientras él jadeaba. La cabeza me explotaba de rabia. Me levanté con fuerza, con los brazos temblorosos pero cargados de bronca.
    
    —¿Qué hacés? ¿Estás enfermo o qué mierda te pasa? —grité mientras me subía la tanga a los tirones.
    
    Él se subió el pantalón como si nada, se acomodó el cinturón, se peinó un poco con la mano y recién ahí me miró.
    
    —Tomate la pastilla del día después —dijo, sin una pizca de emoción, y salió del baño dejándome ahí, con el cuerpo húmedo y el desconcierto latiéndome en el pecho.
    
    Me quedé un rato en silencio, sin saber si gritar, llorar o patear la puerta. Sentía todo adentro, tibio, viscoso… como una invasión.
    
    Busqué papel desesperada, algo para limpiarme, pero no había nada. Nada. El cuerpo me ardía, me daba asco.
    
    Me saqué ...
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