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Presa escurridiza - Cap 3
Fecha: 26/12/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tripleG, Fuente: TodoRelatos
... casa o él viene a la tuya. Ahora, ¿cómo le dices a él lo que te gusta sin asustarle tal vez o sin que piense que estás seriamente trastornada?” Bárbara se rió. “Bueno, caramba… normalmente estiro las cosas hasta que él esté a punto de reventar por sí mismo. Te sorprenderías de lo voluntarioso que puede ser un tío para acomodarse a ti en esas circunstancias.” “Ya, ya.” Asintió Kimberley. “Eso te funciona a ti. Pero yo no puedo hacerlo.” “¿Por qué no?” “Me parece que no es juego limpio, eso es todo. Y…” suspiró en alto. “Lo que a mí me gustaría DE VERDAD, lo que deseo DE VERDAD, es que ÉL me lo sugiera a MÍ. O tal vez que no me lo sugiera en absoluto, solo que vaya adelante con eso. Es un poco difícil encontrar un hombre tan seguro de sí mismo como para hacer eso, que también le guste eso, ¿sabes?” Bárbara le dio unos golpecitos en el hombro. “Lo sé. Y lo entiendo, créeme.” Volvió a reírse. “Pero dejas fuera una cualidad más.” “¿Cuál?” “Tiene que ser seguro de sí mismo, tiene que gustarle eso, Y también tiene que ser atractivo. No harías eso con cualquiera, ¿verdad?” Kimberley se rió a su vez. “Sí, tienes razón, pero hacerlo todo simplemente suena mucho más fuerte.” Bárbara sonrió. “Creo que aquí será todo así de fuerte. El señor Quinn parecía un candidato bastante bueno, y no llevábamos en la localidad más de una hora.” Kimberley le volvió a dar con la almohada, derribándola sobre un costado y la dejó tirada en la cama. Las risas de Bárbara la ...
... siguieron en el camino al baño. No fue hasta que cerró la puerta tras ella que Kimberley empezó a reírse, primero con risitas y luego a carcajadas. La ducha sentaba estupendamente. Era amplia, de baldosas negras y cromados. Había aspersores en tres lados del compartimento, a diferentes alturas. También había uno manual, con caudal ajustable en el extremo de una manguera metálica. Kimberley empezó a experimentar con él. Se sentía todavía un poco… nerviosa… tras la visita a los corrales de esclavas y el encuentro con el “señor Quinn”. Podía imaginarse a sí misma en una de aquellas jaulas o en el bloque de subastas. Casi podía imaginarse en las garras del señor Quinn. Pero cuando cerraba los ojos y dejaba que el fino y punzante chorro deambulara por su torso, el rostro… y el cuerpo… que se imaginaba era el de Alfa. ¿Estaba él aquí, en alguna parte? Pensó que era poco probable. Más probablemente estaría cazando alguna otra mujer en aquellos bosques de pinos. Se estremeció cuando el chorro le restregó los pezones. ¿Pensaba alguna vez en ella? Esperaba que sí. Realmente lo que de verdad esperaba era que pasara noches en vela pensando en su perdida Chica-elfo. Bajó el chorro por el vientre, por los muslos, y volvió a estremecerse. Había contemplado de hecho la posibilidad de volver a aquellos bosques para ser cazada precisamente por Alfa. La mujer con la que había hablado había sido cortés pero firme. Aquellas cosas simplemente no se hacían, para nadie. De modo que… tal vez Alfa ...