1. A los Pies de Jennifer III: Pruebas de Obediencia


    Fecha: 27/12/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos

    ... Porque tu placer es mío. Solo mío.
    
    Hugo gimió bajo, incapaz de negarlo.
    
    —Ahora di: “Obedecer me excita.”
    
    El silencio se volvió insoportable. La garganta le ardía, pero al final murmuró:
    
    —Obedecer me excita.
    
    —Otra vez.
    
    —Obedecer me excita.
    
    —Más alto.
    
    —¡Obedecer me excita!
    
    Jennifer sonrió de nuevo, victoriosa.
    
    —Perfecto. ¿Lo ves, Hugo? Cada palabra que sale de tu boca es una cadena más fuerte que cualquier cuerda.
    
    El joven jadeaba, el rubor intenso, la erección marcada y temblorosa. Sentía que esas frases lo marcaban más que la humillación del espejo o la puerta abierta.
    
    Jennifer inclinó un poco la cabeza, con la voz más baja, íntima y cortante.
    
    —Ahora dilo sin que yo te lo ordene. Confiesa lo que eres.
    
    Hugo respiró hondo, tragó saliva, y con la voz quebrada pronunció:
    
    —Soy suyo… mi placer no me pertenece… obedecer me excita.
    
    Jennifer cerró los ojos un instante, disfrutando de la confesión, y luego lo miró de nuevo, azul contra castaño, con un destello helado.
    
    —Perfecto, Hugo. Ahora ya no eres solo un paciente. Eres lo que tus palabras dicen que eres: mío.
    
    El silencio cayó como un martillo. Hugo temblaba, humillado y excitado, sabiendo que lo que había pronunciado ya no podía deshacerse.
    
    La consulta estaba impregnada de un silencio extraño, denso, en el que flotaban todavía las palabras recién pronunciadas.“Soy suyo. Mi placer no me pertenece. Obedecer me excita.” Hugo seguía de rodillas, desnudo, con el pecho subiendo y ...
    ... bajando como si acabara de correr una maratón.
    
    Jennifer, en cambio, parecía tranquila, impecable. Se levantó de la butaca, acomodó su falda lápiz y recogió el portapapeles. Se lo llevó a la mesa baja y comenzó a escribir con el bolígrafo, como si lo que había ocurrido los últimos minutos no hubiera existido.
    
    El corazón de Hugo dio un vuelco.
    
    —¿Qué… hace? —preguntó con un hilo de voz.
    
    Jennifer no levantó la mirada.
    
    —Tomar notas. La sesión de hoy ya me ha dado material suficiente. —Su voz sonaba fría, profesional, idéntica a la de cualquier psicóloga con un paciente común.
    
    El estómago de Hugo se contrajo. ¿Ya estaba todo terminado? ¿Así, de golpe? La transición era tan brusca que lo desorientaba. Pasar del control, de la humillación, de la excitación insoportable… al tono neutro de un informe clínico.
    
    Jennifer cerró el portapapeles con un gesto firme y se puso las gafas de nuevo, ajustándolas con calma.
    
    —Muy bien, Hugo. —Su tono era sereno, distante—. Vamos a dar por finalizada la sesión de hoy.
    
    Hugo parpadeó, desconcertado.
    
    —¿Finalizada…?
    
    —Sí. —Jennifer se incorporó, caminó hacia la estantería y dejó el portapapeles en su sitio—. Puedes vestirte.
    
    El silencio lo aplastó. Hugo seguía desnudo, arrodillado, con la piel sudorosa y la erección todavía palpitante. Sentía que el aire de la habitación se le escapaba.
    
    Jennifer caminó hacia la puerta, con los tacones resonando en la madera. Apoyó la mano en el pomo, lista para abrirla.
    
    El corazón ...