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A los Pies de Jennifer III: Pruebas de Obediencia
Fecha: 27/12/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos
... con un filo cruel. —Muy bien. Entonces vamos a jugar de verdad. Veinte segundos. Rápido. El corazón de Hugo se disparó. Obedeció, la mano moviéndose a toda velocidad, el cuerpo arqueado hacia adelante. Los gemidos llenaron la consulta, ahogados, desesperados. —Eso es… —la voz de Jennifer era un látigo suave—. Mírate, pringado. Veintidós años, desnudo, de rodillas, masturbándose frente a su psicóloga porque se lo ordenan. El espejo le devolvía la imagen implacable: él mismo, jadeante, rojo, humillado. —Quince… dieciséis… diecisiete… dieciocho… diecinueve… veinte. —¡Por favor…! —suplicó Hugo, el cuerpo entero temblando, a punto de estallar. Jennifer levantó la mano. —Alto. La palabra cayó seca, definitiva. La mano de Hugo se detuvo de golpe, y el gemido que escapó de su garganta fue casi un sollozo. Se inclinó hacia adelante, jadeando, las lágrimas asomando por la frustración. Jennifer cruzó las piernas con calma, triunfante. —Muy bien, Hugo. —Su voz fue fría, profesional—. Ya has comprobado lo que te dije: llegarás al borde solo cuando yo lo ordene. Y saltarás… solo cuando yo lo permita. Hugo alzó la mirada, los ojos húmedos, temblando. —Por favor… Jennifer sonrió con calma cruel, ajustando las gafas. —No. Hoy tampoco. El silencio lo aplastó. Hugo se quedó inmóvil, jadeante, atrapado en el borde del abismo, sabiendo que su orgasmo no era suyo. Y lo más cruel era que, en lo profundo, esa prohibición lo excitaba más que la ...
... posibilidad de correrse. Hugo seguía de rodillas frente al espejo, desnudo, la piel perlada de sudor, el pecho agitándose en jadeos cortos. La frustración lo quemaba por dentro: había estado a un milímetro del orgasmo y Jennifer se lo había arrebatado con una sola palabra. El temblor en sus manos lo delataba, igual que la dureza imposible de ocultar. Jennifer, en cambio, permanecía impecable en su butaca. Reclinada, elegante, como si no hubiera pasado nada. Ajustó las gafas con un gesto tranquilo y se levantó despacio. El sonido de los tacones sobre la madera lo hizo estremecer. Se acercó a él, lo observó desde arriba con una media sonrisa y luego, sin previo aviso, giró sobre sus talones y caminó hacia la puerta de la consulta. El corazón de Hugo se encogió. —¿Qué… qué hace? Jennifer no respondió. Puso la mano sobre el pomo y lo giró con calma. La puerta se abrió con un leve crujido, dejando que la luz del pasillo entrara en la sala. Hugo sintió que la sangre se le helaba. —¡No…! —susurró, temblando—. Por favor… Jennifer no se giró. Apoyada contra el marco, mantuvo la puerta entreabierta. No había nadie en la sala de espera, pero eso no importaba. El simple hecho de saber que en cualquier momento alguien podía pasar lo destrozaba por dentro. El estómago de Hugo se contrajo, el sudor le corrió por la espalda. Se tapó instintivamente, pero de inmediato escuchó la orden cortante: —Manos detrás de la espalda. Hugo obedeció, jadeando, dejando su ...