1. El casamiento


    Fecha: 05/01/2026, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    ¡Hola! Me llamo Mey y soy nueva en esto. Para estrenarme, me gustaría comentarles lo que me pasó la última vez que me cogieron, ya que todavía siento el calor sofocante de esa noche.
    
    Era el casamiento de una amiga y la quinta en la que se celebraba ardía bajo el sol de febrero, el aire se mezclaba entre olor a pasto recién cortado, flores silvestres y el aroma de los cuerpos transpirados que bailaban sin parar al ritmo de la cumbia, el cuarteto y el reggaetón.
    
    Yo estaba ahí, con un vestido negro ajustado, unas sandalias del mismo color y aros de perlas en las orejas. Llevaba los anteojos de sol puestos y una coleta en la muñeca, por si decidía atarme el pelo en algún momento.
    
    Me crucé con él casi sin querer, cerca de la barra donde había tragos. Alto, morocho, con una camisa beige, una pulsera que contrastaba con su piel y un reloj elegante en la muñeca izquierda. Tenía una forma cínica de sonreír, como si supiera que todas lo miraban. Y sí, todas lo miraban.
    
    —¿Vos sos Mey, no? —dijo mientras servía un fernet con coca.
    
    —Depende quién pregunte —le contesté sin mirarlo del todo.
    
    —Franco. Amigo del novio.
    
    —Ah… el famoso Franco. Me hablaron de vos.
    
    —¿Y qué te dijeron? ¿Que soy un hijo de puta?
    
    —No, peor… —solté, dándole un trago a mi gin tonic.
    
    Se rio y nos quedamos ahí, hablando boludeces, tirándonos indirectas. Él con ese tono sobrador. Cada vez que me acercaba para hablarle, sentía su perfume mezclado con el calor del cuerpo. Y cada vez que lo ...
    ... miraba, notaba cómo me recorría con la vista, sin disimulo.
    
    Después vino el baile. Entre risas, tragos y pasos improvisados, terminamos rozándonos más de lo debido. Su mano en mi cintura, mi boca demasiado cerca de su cuello. El ambiente estaba muy cargado.
    
    Ya cerca de las ocho de la noche, la fiesta seguía vibrando en otro sector de la quinta. Nosotros, sin decir nada, fuimos hacia su auto, estacionado bajo un árbol que más temprano había dado sombra. El lugar era oscuro, apartado, como si el resto del mundo se hubiese disuelto.
    
    Nos metimos en la parte de atrás. Ni bien cerró la puerta, sus labios fueron directo a los míos. Nos besamos como si nos estuviéramos comiendo. Diez minutos de manos desesperadas, sus dedos bajando por mi muslo, mi boca jadeando entre caricias cada vez más descaradas.
    
    —Sos hermosa Gise… —dijo de repente, agitado.
    
    Me congelé. Lo miré fijo, con desconcierto.
    
    —¿Gise?
    
    Se frenó, apenas un segundo.
    
    —Nada, me confundí… es… una mina con la que salía. Nada importante.
    
    —¿Una mina con la que salías o salís ahora?
    
    —No exagerés Mey, ¿qué importa?
    
    Me quise bajar del auto y él intentó retenerme aplicando algo de fuerza, pero me fui directo a la pista y me puse a bailar con el primer tipo que se me cruzó. Movía las caderas con una sensualidad que no sabía que tenía. Lo besé pero no era lo mismo. Solo quería que Franco viera. Y claro que lo hizo.
    
    Más tarde, en una charla casual con los novios, pregunté por él con la excusa más ...
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