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El casamiento
Fecha: 05/01/2026, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos
... en dos. Él seguía bombeando con fuerza, diciendo cosas sucias. En un momento, le agarré los brazos y lo empujé sobre la cama. Me subí arriba y empecé a lamerle el pecho, los hombros, el cuello. Hundí mis uñas en su piel y nos fundimos en un beso largo y húmedo. Me empujó contra la cama y volvió a tomar el control. Me abrió las piernas, me sostuvo de los muslos y se arrodilló frente a mí. Sus dedos volvieron a buscar mi concha y me frotaba mientras me miraba con una sonrisa. —Estás re mojada, puta de mierda —dijo, y me pellizcó el clítoris con suavidad, apenas para hacerme saltar. —Callate, hijo de puta —le dije entre jadeos. Se inclinó sobre mí y empezó a lamerme los pechos. Me lamía los pezones, me los succionaba con fuerza, me los mordía mientras sus dedos seguían acariciándome abajo. Yo gemía descontrolada, me retorcía entre las sábanas. —Tenés unas tetas hermosas —me susurró al oído—. Me vuelven loco. Podría estar así horas. Le respondí masajeando su cabeza. Bajó otra vez, su boca volvió a fundirse con mi vagina y yo me arqueé. Me corría por dentro un fuego que no podía explicar. Después se levantó y me hizo poner de pie. Yo apoyé las manos ahí, sintiendo el frío del revoque en los dedos. Me tomó por la cintura y empezó a rozarme con su verga muy lento, sabiendo que eso me volvía más loca todavía. —¿Querés que te la meta puta asquerosa —me dijo con la voz caliente en la nuca. —Por favor —le respondí agitada. Me penetró con una fuerza que ...
... me hizo gemir desde el alma. Me agarró del pelo, me susurraba palabras sucias mientras me embestía sin pausa. Los sonidos de nuestros cuerpos chocando llenaban la habitación. —Sos una puta hermosa… —me decía al oído mientras yo balbuceaba de placer. Cambiamos de posición de nuevo. Me acostó con las piernas abiertas. Se metió entre medio de mis muslos y volvió a culearme con fuerza mientras yo lo tomaba del rostro. —No pares… —le rogué con voz ronca—. No pares, la concha puta de tu madre… Cuando pensaba que no podía soportar más, sonó mi celular. Me quedé quieta un segundo. Él también. Me giré y miré el nombre en la pantalla. Era Fer. Mi amiga. Franco me miró fijo, sin frenar el ritmo. —Atendé —me dijo. El corazón me latía con fuerza. Pero deslicé el dedo y contesté. —¿Hola? —Mey… ¿dónde estás? Te busqué por todos lados —dijo su voz, preocupada. Yo mordí el labio para no gemir. Franco aprovechó que estaba boca abajo y me metió una embestida profunda, fuerte, que me hizo temblar. —Estoy… estoy bien, amiga. Me… me fui un rato… necesitaba aire. —¿Aire? ¿Estás con alguien? Franco me la metía con más intensidad. Me mordí los labios. No podía evitarlo. Estaba jadeando, gimiendo bajo. —¿Estás bien? Te noto rara… ¿necesitas algo? —No, no… estoy bien… en serio. Ahora te escribo —le dije apurada, y corté. En ese momento, suspiré profundamente. —Sos una enferma —me susurró Franco y volvió a penetrarme. Me tenía contra el colchón, me ...