-
El casamiento
Fecha: 05/01/2026, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos
... sostuvo con fuerza, como si quisiera fundirme con la cama. Las gotas de sudor le caían por el pecho y me mojaban la espalda. Me embistió duro de nuevo y me arqueé, me agarré de las sábanas con los puños cerrados. Cada pijazo era un golpe directo al centro del cuerpo. Me estaba haciendo suya con violencia, con una precisión que me dejaba sin aire. —Sos mía… ¿entendés? Solo mía esta noche —jadeaba. Yo lo sentía entrar y salir con esa intensidad. Su pelvis chocaba contra mi culo con un sonido húmedo, sucio, que me excitaba más. Me mordía los labios para no gritar tan fuerte, pero era inútil. Estaba al límite. Me agarró de la nuca con fuerza, me hablaba, me decía cosas sucias mientras me bombeaba sin pausa. —Te hacías la difícil y sos terrible concha fácil. —Sí… sí, Franco… —jadeaba, perdida—. Me iba a hacer acabar. —Trola de mierda, cuando me dijeron que eras una mina fácil, no pensé que tanto… me volvés loco, puta. De repente me la sacó, me levantó y me empujó al piso sin decir palabra. Sentí la cerámica fría impactar en mis glúteos, me tomó de la mandíbula y me hizo arrodillar. —Abrí la boca —ordenó, ya fuera de sí. Obedecí. Lo miré fijo, con la cara sudada y los labios entreabiertos. Me pajeaba en la cara, sus gemidos estaban cada vez más desbordados. —Tomá puta… tomá putita —repetía, perdiendo el control—. Ay, Mey… te voy a llenar de leche… Y lo hizo. El primer chorro me estalló en la cara. Caliente, denso, me mojó los labios, la ...
... mejilla, la nariz. El segundo chorro me cayó en mis tetas, bajando lento. Sus gemidos eran roncos, su cuerpo estaba tenso y su mandíbula apretada. Me pasé los dedos por la boca, lamiéndome lento. Estaba llena de semen, rendida, transpirada. En ese instante, era suya. Solo suya. Pero entonces… cambió. Se alejó. Me miró apenas, sin hablar. Encendió un porro y se tiró a la cama como si yo no estuviera ahí. Me quedé en el piso, desnuda, sintiendo cómo el calor del clímax se transformaba en un frío extraño. Pasaron minutos eternos. Me incorporé lentamente, aún confundida. Él seguía ahí, fumando en silencio, sin mirarme siquiera. Después se levantó sin decir palabra, se metió al baño y cerró la puerta. Escuché el agua caer, el sonido de la ducha, los pasos. Yo seguía desnuda, cubierta de leche, con el cuerpo agitado por el sexo salvaje, pero ya sin la calidez del deseo. Cuando volvió, se vestía con total indiferencia. Se puso un pantalón, se ató las zapatillas y me tiró una musculosa. Creo que era de Gise. —Andá a bañarte —dijo sin emoción. Se me hizo raro. Me metí al baño, me duché rápido, con el agua mezclándose con las lágrimas que empezaban a salir sin permiso. Cuando salí, ya tenía mi vestido y mis cosas en una bolsa. Él ni me miró. Salimos y se fue. Así, sin más. Me dejó sola en la vereda de su casa, vestida con la ropa de su novia, con el pelo húmedo, muy agotada y el alma hecha mierda. Ahí supe que yo para él había sido solo una noche más, una ...