1. El casamiento


    Fecha: 05/01/2026, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos

    ... estúpida. Y ahí me cayó el baldazo de agua fría.
    
    —¿Franco? Sí, está de novio con Gise, una chica divina… pobre, justo no pudo venir hoy.
    
    Sentí que me tragaba la tierra. Me fui directo al baño privado que usaban los más cercanos a la novia. Me encerré ahí, intentando bajarme la temperatura del cuerpo y de la bronca. Pero no pasó ni un minuto que la puerta se abrió de golpe. Franco entró y me acorraló contra la pared.
    
    —Ya te vengaste, ¿no? —me dijo al oído—. Ahora vamos a mi casa.
    
    —¿Estás en pedo? Ya sé que tenés novia.
    
    —Los únicos labios que deseo ahora son los tuyos —sus dedos se metieron entre mis piernas con una brutalidad certera.
    
    —Franco… —dije entre dientes, intentando disimular mi respiración— no…
    
    Pero mi cuerpo ya le respondía. Me besó fuerte, con deseo. Me perdí en ese momento lleno de tensión. Me decía cosas al oído, me apretaba las tetas, me besaba el cuello.
    
    —Vení a casa —susurró con la voz cargada. Finalmente accedí.
    
    Nos fuimos. El viaje en el auto fue un juego de provocaciones. Su mano en mi muslo, me decía cosas sucias, me prometía un infierno.
    
    Apenas entramos, sentí el contraste. La casa era desordenada, varonil, con un leve aroma a marihuana. Las luces eran tenues, apenas unas lámparas bajas que dejaban sombras difusas en las paredes.
    
    Franco cerró la puerta, se acercó lento, me agarró de la cintura y me besó con desesperación.
    
    —Estás tremenda… —susurró entre jadeos, mientras me empujaba contra la pared.
    
    Sus manos ...
    ... subieron directo a mis tetas, me apretó fuerte, casi con bronca. Yo gemí. Me subió el vestido hasta las caderas y empezó a acariciarme entre las piernas, mientras yo me deshacía en gemidos bajos.
    
    —¿Esto es lo que querías, putita? —me susurró al oído mientras me mordía el lóbulo y jugaba con mis aros.
    
    —Sí —le dije con la voz temblando—. Ay sí, la puta madre, sí.
    
    Me desnudó despacio, como si disfrutara cada segundo. Me hizo arrodillar frente a él, mientras se bajaba el pantalón y me presentaba su pene duro y caliente. Lo miré a los ojos mientras empezaba a lamerlo, lento, provocador. Me agarró del pelo con una mano y me marcaba el ritmo con movimientos suaves. Me hablaba mientras lo hacía, con esa voz ronca y sucia que me volvía loca.
    
    —Así me gusta… tragá, trola. Mirame. Eso, así.
    
    Luego, me levantó bruscamente y me empujó sobre la cama, me abrió las piernas y empezó a lamer mi clítoris de forma feroz. Yo me arqueaba, me agitaba, me mordía los labios para no gritar. Me metía los dedos mientras su lengua me volvía empapaba.
    
    La intensidad me sacó lágrimas. Me mordía, me chupaba, me hacía gritar. Luego me hizo parar y me empujó contra la pared. Me penetró de atrás con fuerza, con una violencia medida.
    
    —Decime que sos mía, decímelo ya.
    
    —Soy tuya… Franco… —jadeé.
    
    Los golpes de su pelvis contra mi culo eran cada vez más intensos, más animales.
    
    Se sacó la camisa. Su torso brillaba de sudor, sus músculos estaban tensos. Yo sentía cada embestida como si me partiera ...
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