1. ¡La Concha de mi Hermana! [10]


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... tuve que admitir que el entusiasmo era sincero. Patricia estaba realmente contenta de verla. No había falsedad. Al menos no ahí.
    
    Entonces se volvió hacia mí.
    
    Me dedicó una sonrisa. No era hostil, pero tampoco cálida. Fue una sonrisa bien calibrada. Diplomática.
    
    —Abel. Qué bueno verte. ¿Cómo estás?
    
    Con ella, esa pregunta no sonaba casual. Sonaba clínica. Como si quisiera chequear mi tensión arterial con los ojos, detectar ansiedad reprimida en mi postura, o identificar alguna emoción enquistada lista para brotar como un sarpullido emocional.
    
    —Todo en orden —mentí, acercándome lo justo para darle un beso en la mejilla, con el afecto justo para cumplir con el protocolo, sin excederme en muestras que pudieran quedar flotando en el ambiente.
    
    —Qué bueno —dijo. Pero su mirada sugería que había detectado al menos cinco síntomas de algo.
    
    Katia ya se había soltado, paseando la mirada por el living como si recorriera una exposición de arte sensorial. Se agachó para olfatear un sahumerio que ardía sobre una base de piedra labrada.
    
    —¿Esto es palo santo? —preguntó, con voz casi reverencial.
    
    —Un blend —respondió Patricia, encantada—. Palo santo, lavanda y cúrcuma. Ideal para armonizar el espacio cuando hay visitas.
    
    —¿Y funciona con varones escépticos y estructurados? —tiró Katia, mirándome de reojo con una sonrisita maliciosa.
    
    Patricia giró hacia mí, sonrisa sutil, afilada como un diagnóstico.
    
    —Siempre se puede intentar.
    
    Sonreí también. Por fuera. Por ...
    ... dentro rezaba para que Katia no desarrollara una fascinación repentina por estos sahumerios pestilentes. No quiero que mi casa huela a lavanda mística y a especiero hindú.
    
    Traje a Katia con la esperanza —no tan secreta— de que, con algo de suerte, esta visita pudiera terminar con ella dejando su cepillo de dientes otra vez en este baño. Y su caos. Y sus medias. Y sus gritos matinales en loop. Todo eso que ella no registra, pero que te perfora la paciencia como un taladro que no hace ruido, pero vibra igual. La armonía ajena, descubrí, no me sienta tan bien como pensaba. Me genera una mezcla rara: nostalgia por la que perdí y una envidia tenue, como cuando ves a alguien dormir plácido en un asiento de colectivo mientras vos no podés dejar de pensar en la cuenta del gas.
    
    La mesa estaba puesta como si Patricia hubiera estado ensayando esta escena durante semanas. Vajilla blanca sin una sola manchita, individuales de fibras naturales en perfecta simetría, servilletas dobladas con un nivel de precisión que rozaba lo quirúrgico. En el centro, como una aparición casi profana, una fuente humeante con milanesas crujientes y papas fritas doradas rompía con todo ese equilibrio zen. A un costado, resignada, una ensalada minimalista de rúcula y brotes de soja parecía estar ahí por protocolo, como esos primos con los que uno no quiere sacarse fotos pero igual aparecen en el álbum familiar.
    
    —Hice tu plato favorito, Katia —dijo Patricia, con una sonrisa que, para sorpresa de todos, ...
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