1. ¡La Concha de mi Hermana! [10]


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... una madre que se preocupa por sus hijos. A veces hay cosas tan obvias… que cuesta no verlas. Pero si te incomoda, me disculpo.
    
    El silencio que siguió no fue incómodo. Fue quirúrgico. Como una sábana fría que te cae encima en medio de una conversación que ya nadie quiere seguir.
    
    Katia mordió una papa frita con violencia ceremonial. El crocante llenó el aire como si buscara tapar todo lo que no nos animábamos a decir.
    
    —Bueno —dije, aprovechando la pausa—. Ya que estamos con observaciones... Katia me contó que la tablet que le presté, la rompiste vos.
    
    No fue elegante. Ni oportuno. Pero era eso o seguir tragándome el nudo que me venía apretando el cuello desde que entramos. Y no era por las papas ni por la milanesa. Era otra cosa. Algo que pedía salir.
    
    Katia, como si acabara de aterrizar en una conversación en noruego, se metió media milanesa en la boca y tomó un trago de gaseosa sin mirarnos. Su atención estaba puesta, de repente, en una mancha invisible de la pared.
    
    Patricia arqueó una ceja, con ese aire clínico que no necesita diagnóstico.
    
    —Fue un accidente. Un mal movimiento. Una torpeza mínima.
    
    —Claro —respondí—. Pero dejaste que Katia se hiciera cargo. Entiendo que tenés un yacaré en el bolsillo, y que no vas a gastar un peso en algo que no es tuyo. Así que te propongo un trato: vos dejás de hacerme radiografías emocionales en plena cena… y yo no te cobro la tablet rota.
    
    Ella apretó los labios, sin dignarse a responder. Tomó un sorbo lento de su ...
    ... jugo de limón, con esa calma que se disfraza de superioridad.
    
    Y siguió comiendo. Como si nada.
    
    Fue un golpe bajo, lo sé. Pero había algo en esa compostura suya que me hervía la sangre. Necesitaba recuperar terreno.
    
    Katia me miró de reojo. Esbozó una sonrisa breve, casi cómplice, y volvió a concentrarse en su plato. Como si la única verdad valiosa de toda la noche estuviera empanada y frita.
    
    El crujido de las papas bajó unos decibeles. Algo en el aire había cambiado. Una alteración sutil. Como si alguien hubiera movido un adorno de lugar… y de pronto, todo el feng shui se hubiera ido al carajo.
    
    Patricia apretó los labios, sin responder a lo de la tablet. Tomó otro sorbo de su jugo, como si así pudiera tragar el orgullo sin que se le notara.Sabía que no iba a dejarlo pasar. Mi madre tiene esa costumbre: cuando siente que pierde terreno con alguien, necesita ganar en otro frente. No lo hace por maldad, lo hace por instinto. Si no puede dominarte, al menos va a pincharte. Y si no le funciona discutir con un hijo, lo va a hacer con el otro.
    
    —Igual —dijo, acomodando su vincha con un gesto lento—, hay cosas que también se vuelven muy difíciles. Y no hablo de vos, Abel.
    
    Me detuve, tenedor en mano. Ya sabía lo que se venía.
    
    —¿Ah, no?
    
    —No —dijo, con una sonrisa conciliadora que no engañaba a nadie—. Hablo de ciertas personas que tienen hábitos… complicados. Como dejar toallas mojadas sobre la cama. O paquetes de galletitas abiertos adentro del placard. O ropa ...
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