1. Disfruta, Hermana


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... que fuera imposible.
    
    Solo largo. Controlado. Y lleno de papeleo.
    
    Nos armamos con todo.
    
    Marta escribió un testimonio como testigo del estado de la madre.
    
    Ramiro consiguió una cita con un médico amigo para un chequeo general de la niña.
    
    Yo firmé cada papel que me dieron.
    
    Hasta que, una mañana, sonó mi celular. Era de la Comisaría:
    
    —La menor será trasladada hoy. ¿Puede recibirla?
    
    Me temblaron las manos.
    
    —Sí. Claro que sí.
    
    Y esa fue la tarde en que todo cambió.
    
    La niña llegó con la misma ropa de siempre. Una bolsa plástica con un pañal, el chupete colgando, y una chaqueta rota. La acompañaba una trabajadora social, que me explicó que estaría en «custodia informal» mientras el proceso avanzaba. Que debía estar disponible para visitas. Que no podía moverme de ciudad. Que no era adopción. Que no me hiciera ilusiones.
    
    No lo dije en voz alta, pero no me estaba haciendo ilusiones. Me estaba haciendo responsable.
    
    Marta me esperaba en la entrada de su casa. Había preparado el cuarto de Lucía, ahora convertido en una especie de guardería improvisada.
    
    Una cuna prestada. Un cajón con ropa de las niñas.
    
    —La casa es tuya también —me dijo, al notar mi nerviosismo.
    
    Esa noche, cuando todas dormían, me quedé en el cuarto con la niña.
    
    No quiso comer. No quiso agua. Solo lloró. Un llanto rasposo, como si le doliera por dentro.
    
    Le quité la ropa con cuidado, me desnude también y nos metimos en la bañera en el agua tibia. Me arañó. Me empujó. ...
    ... Gritó.
    
    Pero no me fui.
    
    Le hablé bajito. No con palabras bonitas, sino con la verdad.
    
    —No sé tu nombre. No sé si me vas a querer. Pero estás aquí. Y no voy a dejarte sola.
    
    Cuando al fin se calmó, noté que buscaba mi pecho. Se quedó dormida con el pezón en su boca, como un saco de huesos pequeños. Respirando apenas. Pero sin llorar.
    
    Una parte de mí entendía que eso no era hambre. Era instinto. Necesidad de apego. La enfermera en el centro médico lo había explicado: “La niña tiene 18 meses. Es pequeña para su edad, y presenta signos de desnutrición leve. Pero neurológicamente está bien. Solo necesita estímulo. Contacto. Rutina.”
    
    También habían dicho otra cosa, entre líneas, que no podía olvidar:
    
    —Es probable que nunca haya tenido lactancia materna adecuada.
    
    Por eso ese gesto, tan automático, tan cargado de algo que no se le dio. No era raro. Solo triste.
    
    Yo no tenía leche. No podía darle lo que buscaba.
    
    Pero me quedé ahí, mirándola dormir, sabiendo que a partir de ahora lo que sí podía darle era otra cosa: constancia.
    
    Marta entró en silencio a preguntar cómo iba.
    
    No respondí.
    
    Solo me acarició el hombro y cerró la puerta.
    
    **
    
    A la mañana siguiente, mientras la vestíamos, intentó balbucear algo. No era claro.
    
    Un sonido entre “mam” y “ta”.
    
    Ni Marta ni yo supimos si lo dirigía a alguna de nosotras, o si simplemente era un eco de algo que alguna vez oyó.
    
    —¿Crees que hablaba antes? —pregunté.
    
    —A su manera, seguro.
    
    Ese mismo día, ...
«1234...12»