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Disfruta, Hermana
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... quería reemplazarte. Solo sostenerla. Luego las cosas se salieron de control —Lo sé. Dianey se acercó, le tomó la mano. —Gracias —dijo, apretándola—. Por no dejarla caer. Y por no dejarme caer a mí. Se quedaron en silencio, las dos, con el café ya frío y las manos entrelazadas. Marta colocó a Nora en el moisés, se oyó un suspiro suave. Nora sonreía. Y ambas la miraron de pie al mismo tiempo. Un domingo sin tensiones El siguiente domingo no trajo fiebre, ni llanto desesperado, ni carreras nocturnas buscando consuelo. Trajo pan fresco, jugo de naranja, y un rumor suave de risas desordenadas que se colaban por las rendijas de la cocina. Marta había organizado una pequeña reunión. Nada formal: su cuñada, un par de vecinos cercanos, algo de música tranquila en el fondo. Ramiro lo llamó bromeando “la bienvenida oficial de Nora a la familia”, pero nadie necesitaba decirlo en voz alta. Bastaba con verlos. Dianey, más repuesta, se movía por la sala sin mareos ni toses. Nora, sentada en una manta sobre el césped del jardín, exploraba el mundo con los ojos muy abiertos, como si lo midiera pedazo a pedazo, intentando convencerse de que ese lugar —con su ruido, su olor a pan, sus niñas correteando— podía ser suyo. —Se está soltando —dijo Marta, mientras servía jugo en vasos de colores—. Antes no dejaba que nadie se le acercara. —Ahora ya sonríe —añadió Dianey, y su voz se le llenó de un orgullo que no intentó disimular—. Sobre todo si Lucía le ...
... canta. Las horas se deslizaron entre platos vacíos, anécdotas cortas y carcajadas compartidas. Cuando los invitados se fueron, quedaron solo ellos: Marta, Ramiro, las niñas, Dianey y Nora. Y en esa intimidad tranquila de casa desordenada, ocurrió algo nuevo. Lucía, la menor, notó que Nora empezaba a inquietarse. Se acercó sin hacer ruido, se sentó junto a ella y le ofreció su peluche favorito: un zorro naranja, flaco y medio torcido por el uso. —¿Quieres, Nora? Mira… Él también tiene miedo a veces —susurró, como si compartiera un secreto. Nora lo miró, lo tomó con sus manos torpes, y lo apretó contra su pecho. Entonces, como si algo se destrabara dentro, emitió un balbuceo suave. No era un llanto. Tampoco una palabra. Solo una sílaba corta, sin forma definida, pero cargada de algo primitivo: pertenencia. —¡Dianey! ¡Tía! ¡Creo que dijo algo! —gritó Lucía, sin moverse. Dianey y Marta salieron de la cocina. Se quedaron quietas en el marco de la puerta, mirando la escena como si no quisieran espantarla. Lucía tenía a Nora sentada en su regazo. Le acariciaba el pelo con dedos distraídos, sin darse cuenta de lo natural que le salía ese gesto. —Estamos aquí. Todos. No te vayas a olvidar de eso, ¿sí? Nora se acurrucó contra ella. No dormida, no en alerta. Solo… en calma. Como si por fin, aunque fuera por un momento, ya no tuviera miedo. —Creo que ya no tiene miedo —dijo Lucía, con la certeza con la que solo los niños dicen la verdad. Dianey se acercó, ...