-
Disfruta, Hermana
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... con el pecho caliente de ternura. Le acarició el hombro a su sobrina, y a la niña que ya era suya. Después de unos segundos, habló claro, asegurándose que Marta y Ramiro la escucharan: —Ya es hora de la lechita… y a dormir. Nora levantó la cabeza apenas. La tomó en sus brazos y caminó con ella hasta la nevera, todavía acunada contra su pecho, murmurándole palabras que no eran frases completas, solo sonidos dulces, repetidos, como un eco de arrullo. Sacó el tetero, lo agitó despacio, revisó la temperatura con unas gotas en su muñeca y volvió a la sala. El peso de Nora en su cadera ya no le resultaba extraño. Era un peso vivo. Presente. Un peso que, por fin, le pertenecía. Se sentó en el sofá, con la bebé entre los brazos, y le acercó la boquilla del tetero con la misma delicadeza con la que se acaricia una promesa. Nora lo aceptó sin dudar. Succionó con calma, sin ansiedad. La miró un segundo mientras bebía, y luego cerró los ojos. Una de sus manitos quedó colgando en el aire; la otra se aferró a la blusa de Dianey, justo sobre el corazón. En ese instante, no había preguntas. Ni papeles. Ni miedo a lo que vendría. Solo eso: una bebé tomando su leche. Una mujer que no sabía que podía ser madre, y ahora no quería ser otra cosa. Desde la cocina, Marta la observó en silencio, con la luz baja y la sonrisa apenas dibujada. —¿Ves? —susurró para sí—. Ya es tuya. Y tú también lo sabes. Dianey no respondió. Solo bajó la cabeza y besó la frente tibia ...
... de Nora. El tetero ya estaba por la mitad cuando Nora empezó a girar la cabeza, rechazando la boquilla con suaves quejidos. Dianey lo retiró con cuidado, pensando que tal vez ya estaba llena. Pero apenas lo hizo, Nora frunció el rostro y soltó un llanto breve, agudo, como un reclamo. —¿Qué pasa, mi amor? —le susurró, meciéndola—. ¿No quieres más? Desde la cocina, Marta se acercó, con un paño en la mano y la voz baja: —¿Tal vez no era hambre? ¿Y si… ahora lo que quiere es teta? Dianey la miró un segundo, como si esas palabras ya las hubiera escuchado antes, dentro de sí misma. —¿Otra vez…? —murmuró, no como duda, sino como confirmación. Marta asintió con suavidad. —No por leche. Por ti. Dianey respiró hondo. Se acomodó en el sofá, aflojó la blusa, y sin decir nada, acercó a Nora a su pecho. La bebé se acomodó enseguida, como si supiera el camino. Se prendió con fuerza, pero sin desesperación, como quien vuelve al sitio que reconoce como refugio. Desde el pasillo, Ramiro observó en silencio. No dijo nada. Solo levantó una ceja, como quien entiende más de lo que expresa, y luego se agachó frente a sus hijas, que seguían descalzas en la alfombra, medio dormidas. —Vamos, niñas. Hora de ir a la cama —murmuró, en voz de padre cansado pero tierno. Sofía asintió sin protestar. Lucía quiso mirar una vez más hacia el sofá, pero Ramiro le revolvió el pelo y la guió suavemente escaleras arriba. —Mañana pueden jugar con Nora otra vez —les dijo—. Ahora ...