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El tío de mi novio
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos
Comienzo este relato presentándome: me llamo Paula, tengo 23 años y soy una chica pelirroja con curvas que siempre han llamado la atención. No soy delgada, pero tampoco me considero gorda; diría que tengo un cuerpo voluptuoso y bien proporcionado, con pechos generosos que suelen ser el centro de las miradas. Mi cabello rojo, que heredé de mi madre, es mi sello personal, y aunque a veces puede ser un imán de comentarios, he aprendido a llevarlo con orgullo. Ahora paso a contarles que estoy en pareja con Lucas, quien también tiene 23 años, y llevamos juntos tres años. Desde que estamos juntos, su familia siempre me ha invitado a las fiestas que organizan, ya sea para cumpleaños, Navidad o Año Nuevo. Y yo, por supuesto, siempre voy. Lo que quiero decir con esto es que, a lo largo de estos años, he tenido la oportunidad de conocer a toda su familia y he logrado establecer una buena relación con todos ellos. Entre ellos está su tío, un hombre simpático, agradable y, sobre todo, bastante mujeriego. Él se muere de amor por mí, y no es para menos. Soy una chica a la que le encanta mostrar su cuerpo, y en estas fiestas siempre lo hago con estilo. Me visto con vestidos ajustados y cortos que resaltan mis curvas, y no tengo problema en lucir lo que la naturaleza me dio, especialmente mis pechos, que son grandes, firmes y, según muchos, simplemente hermosos. Es parte de mi personalidad y de cómo me siento más segura y poderosa. Entonces, lo que sucede es que en cada una de ...
... estas fiestas, él siempre se me acerca. Me dice cosas bonitas, halagos que me hacen sonreír, pero también se permite comentarios bastante subidos de tono. Sé que a muchas mujeres esto no les gustaría, pero a mí no me desagrada en absoluto. Al contrario, me encanta. Primero, porque me gusta que me alaben, que me hagan sentir deseada y admirada. Y segundo, porque sus palabras tienen un efecto en mí: me calientan, y muchísimo. Hasta ese momento, nunca habíamos tenido la oportunidad de estar solos, de compartir un momento de privacidad. Pero eso cambió durante la Navidad pasada. Sucedió que, alrededor de las dos de la mañana, estaba en casa de Lucas celebrando la Navidad cuando una amiga me escribió para invitarme a una fiesta. Les dije que debía irme, y fue entonces cuando el tío de Lucas se ofreció a llevarme. Me insistió en que no gastara dinero en un servicio de transporte y que él me acompañaría. Al principio, dudé, pero al final acepté. Entonces, caminamos varias calles hasta llegar a su casa. Una vez allí, me hizo pasar adentro, donde tenía el coche estacionado en un garaje o espacio cerrado, no afuera como uno podría esperar. Me hizo subir al coche, encendió el motor y, después de unos cinco segundos de pensarlo, lo apagó. Fue un gesto que me llamó la atención, como si estuviera dudando o reconsiderando algo en ese momento. Yo le pregunté por qué había hecho eso, y su respuesta me dejó sin palabras. Cerró la puerta de su lado, me miró fijamente y, con esa sonrisa ...