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El tío de mi novio
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos
... traviesa que siempre lo caracteriza, me dijo riendo: “Te llevo, pero antes tenés que mostrarme las tetas”. ¡Qué tipo que sos!” dije, con una sonrisa igual de picarona que la suya. Su frase, “te llevo, pero antes tenés que mostrame las tetas”, me cayó simpática y hasta me hizo reír por lo directo que fue. Sin pensarlo dos veces, me bajé mi vestido rojo y le mostré mis tetas, grandes y firmes, con mis pezones erectos y prominentes. Las tomé con mis manos, acariciándolas suavemente mientras se las mostraba, y le pregunté con una mezcla de provocación y curiosidad: “¿Te gustan?”. Él, completamente embelesado, quedó hipnotizado por mis pechos. Sus ojos no se despegaban de ellos, y mientras se tocaba el bulto en sus pantalones, pronunció un tembloroso “sí”, como si las palabras le costaran salir. Era evidente que estaba completamente cautivado. Bueno, “ya está”, le dije después de estar unos 10 segundos mostrándoles mis tetas. “Ahora llévame”, añadí, intentando sonar firme. Pero él no estaba satisfecho. Con una mirada llena de deseo, me respondió: “Mostrame un poco más, no llegué a disfrutarlas lo suficiente”. Entonces, con un gesto decidido, volví a bajarme el vestido y le mostré mis pechos, grandes y firmes, en toda su plenitud. Sus ojos se abrieron como platos, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Antes de que yo tuviera la oportunidad de cubrirme de nuevo, él, con una voz temblorosa pero llena de deseo, preguntó: “¿Me dejás tocarlas?”. Yo le dije: ...
... “Bueno, está bien”, con un tono que dejaba claro que no me quedaba otra opción, pero también con un dejo de complicidad, como si en el fondo lo estuviera disfrutando. En cuanto le di el permiso, sus dos manos se abalanzaron hacia mis pechos, generosos y bien formados. En cuestión de segundos, ya los estaba apretando con fuerza, sintiendo la suavidad de mi piel, mientras sus dedos jugueteaban con mis pezones, pellizcándolos con una mezcla de delicadeza y voracidad. Pero eso no fue suficiente para él. Necesitaba más, quería más. Después de varios segundos tocándome las tetas con avidez, me miró directamente a los ojos y, con una voz cargada de deseo, me preguntó: “¿Me dejás chuparlas?”. Yo, ya con el cuerpo caliente y la respiración entrecortada, no pude evitar decirle que sí. Sin perder un segundo, se agachó y llevó su boca a uno de mis pezones, succionándolo con una mezcla de hambre y desenfreno. Era como un bebé grande, desesperado por alimentarse. Pasaba de un pezón al otro, succionando con ansia, como si no pudiera saciarse. Sus manos no dejaban de apretar mis tetas, hundiendo sus dedos en la carne suave y firme, mientras sus labios y lengua trabajaban incansablemente, como si buscaran sacar hasta la última gota de leche. Cada movimiento suyo era una mezcla de deseo y necesidad, como si hubiera estado esperando ese momento durante mucho tiempo. Tanto yo como él, y especialmente él, entramos en un estado de excitación que era casi palpable. Él quería que yo se la ...