-
El tío de mi novio
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos
... chupara, así que, sin perder tiempo, se desajustó el pantalón y me mostró su miembro. Era grande, grueso y venoso, justo como me gustan a mí. Me miró con una intensidad que no dejaba lugar a dudas y, en lugar de preguntar, simplemente me ordenó: “Chupámela”. Sin dudarlo, me acomodé el pelo, me incliné hacia él y me preparé para complacerlo. Abrí la boca, saqué la lengua y comencé a lamer y chupar su pene como si fuera un helado, recorriendo cada centímetro del tronco con una mezcla de delicadeza y voracidad. Luego, me concentré en la punta, jugueteando con ella, raspándola suavemente con mi lengua, sintiendo cómo se tensaba bajo mis labios. Finalmente, sin dudarlo, me lo tragué entero, sintiendo cómo llenaba mi boca y cómo él respondía con gemidos de placer. Él se relajó por completo, apoyando su cabeza contra el respaldo del asiento y dejando que yo tomara el control. Con su pene firmemente dentro de mi boca, comencé a moverme hacia arriba y hacia abajo, haciendo que entrara y saliera de mis labios con un ritmo constante. Entre cada movimiento, no dejaba de lamer y succionar los costados de su miembro, explorando cada centímetro con mi lengua, mientras sentía cómo su cuerpo respondía con gemidos y sus manos se aferraban al asiento. En un momento dado, él me frenó y me separó de su pene. Yo, un poco confundida, le pregunté: “¿Por qué hiciste eso?”, mientras pensaba para mí: “¿Ya no quiere que se la chupe?”. Él, con la respiración entrecortada, me explicó que ...
... estaba a punto de acabar y que no quería hacerlo todavía. Luego, con una voz firme pero llena de deseo, me ordenó que se la chupara de forma más calmada, como si quisiera prolongar el placer al máximo. Minutos después, él me preguntó si quería pasar adentro de su casa. Yo, con una sonrisa cómplice, le respondí: “Solo un ratito, pero luego me llevás a la fiesta”. Él, emocionado, asintió rápidamente con varios “sí, sí, sí”, como si no pudiera esperar. Sin perder más tiempo, nos bajamos del coche y entramos a su casa, con la tensión y el deseo palpables en el aire. Al ingresar a su casa, él me tomó de la mano con firmeza y me guió directamente hacia su habitación. No hubo preámbulos; la tensión sexual entre nosotros era tan intensa que casi podía tocarse. Una vez dentro, se desnudó por completo, dejando al descubierto su cuerpo, que, aunque no era musculoso, se conservaba bien para sus 40 años. Su miembro, ya erecto y listo, era una clara muestra de su deseo. Con una mirada intensa y una voz cargada de determinación, me dijo: “Ahora te voy a coger bien duro”. Sus palabras me encendieron aún más, y sin pensarlo dos veces, me desnudé también, dejando que mis curvas quedaran expuestas ante él. Nos subimos a la cama, y durante los siguientes 45 minutos, nos entregamos por completo. Él cumplió con lo que había prometido: me cogió bien duro, como si quisiera demostrar que, a sus 40 años, todavía tenía energía de sobra. Probamos todo tipo de posiciones: desde él dominándome por ...