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Arena y sal en la piel - 07:14
Fecha: 07/01/2026, Categorías: Gays Autor: Nick, Fuente: TodoRelatos
Uno sabe cuándo ha llegado a ese lugar en el que necesita estar, incluso aunque no haya estado allí nunca antes. Esa sensación inconfundible es exactamente la que siento ahora mismo, cuando pongo el primer pie en esta playa. Llevo tiempo queriendo estar en este sitio y confío (o, más bien, en el fondo sé) que aquí encontraré lo que estoy buscando. Me detengo sobre la arena todavía húmeda de la playa. Cierro los ojos. Respiro profundamente. Sí, definitivamente he llegado a mi destino. Llegar hasta esta playa es algo complicado. Aunque se puede hacer parcialmente en coche, yo lo he hecho recorriendo un largo camino a pie, de unos seis kilómetros, no muy exigente, atravesando un paraje totalmente desértico, donde la única vegetación que me he encontrado han sido arbustos bajos y agaves que crecen con terquedad de la arena y las piedras. Comencé mi trayecto cuando aún era de noche y llego a mi destino con los primeros rayos del amanecer, aunque el sol aún no ha ganado la suficiente altura como para asomar tras los acantilados que resguardan a ambos lados la pequeña playa en la que me encuentro ahora, de no más de trescientos metros de ancho, tranquila, solitaria, casi secreta, teñida de una atmósfera azul suave. Estoy solo. Solo escucho el ruido del tranquilo oleaje de esta mañana de agosto. Entonces empiezo a quitarme la ropa. Me quito la gorra, que cubre mi pelo castaño y ligeramente ondulado. Me quito la camiseta de tirantes, dejando al descubierto mi torso, de hombros y ...
... espalda anchos, pecho firme cubierto de vello y abdomen esculpido con precisión. Me quito el pantalón deportivo corto, bajo el que llevo un diminuto fardapollas azul celeste. Pero no solo me desprendo de la ropa. Con cada prenda que cae a la arena siento como si me deshiciera de cargas invisibles que ni tan siquiera sabía que llevara encima. Aunque la verdadera sensación de liberación llega al quitarme también el bañador. Pese a que apenas cubre una ínfima parte de mi anatomía, cuando retiro de mi cuerpo ese diminuto trozo de poliéster y siento la fresca brisa del mar acariciando mi culo, mis ingles y mis genitales, entonces es cuando me siento totalmente libre. Es una sensación catártica. Me siento auténtico, pero a la vez me siento otra persona. Es difícil de explicar, pero es como si mi yo se hubiera quedado atrás. Como si me hubiera despojado también de mi identidad. Como si no tuviera pasado ni futuro. Como si no fuera nadie. Saco de mi mochila un bote de crema solar, pongo una buena cantidad en mis manos y empiezo a extenderla por mi cuerpo desnudo, en un acto que va mucho más allá que el de simplemente protegerme contra el sol. Es una exploración de mi tonificado cuerpo, como si lo estuviera descubriendo por primera vez. Froto con fuerza mi pecho para que el ungüento traspase mi vello, acaricio mis musculosos hombros, masajeo en círculos mi abdomen plano, me detengo con mimo en retirar la crema que se queda depositada en mi ombligo, me abrazo a mí mismo tratando de ...