1. Mi sobrino me quita la tanga frente a mi novio


    Fecha: 07/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... los míos por debajo de la mesa. Un roce descarado, lento, que me erizó la piel. Los aparté, pero mi respiración se alteró, y lo odié por hacerme sentir tan… tan caliente.
    
    A la tarde, Fabricio tenía su taller literario.
    
    Solía dar las clases en el living, sentado frente a la notebook, con sus alumnos en sus cuadraditos de Zoom, como si estuvieran todos metidos en cajitas chiquitas. Yo siempre circulaba por ahí en silencio, pero me gustaba escuchar, espiar de reojo lo que hacían.
    
    Enzo apareció en la sala de estar y, como buen pendejo sin filtro, gritó algo sobre un partido de fútbol que solo a él le importaba.
    
    Fabricio se incomodó y se dio vuelta para mirarlo.
    
    —Es mi sobrino —explicó a sus alumnos, medio avergonzado—. Está parando con nosotros un tiempo.
    
    Yo le hice señas a Enzo de que cerrara la boca, pero él me devolvió una sonrisa de esas que parecen decir “me importa un carajo lo que me digas, tía”.
    
    Después de un rato, me acerqué por el costado a Fabricio para no salir en cámara y le pregunté si quería un té.
    
    —Sí, gracias —me dijo.
    
    Se lo notaba alegre después de la noche que pasamos juntos.
    
    Me fui a la cocina. De pronto, como era de esperar, apareció Enzo detrás mío.
    
    Se apoyó en el marco de la puerta, mirándome con esa expresión que siempre tenía, una mezcla de descaro y lascivia.
    
    —¿Te gustan las polleritas, no? —me soltó, mirándome de arriba abajo.
    
    Llevaba una pollera tableada, gris, y una blusa blanca con el ombligo al aire. El pelo ...
    ... recogido en una cola alta, como si acabara de salir de un videoclip noventoso.
    
    —Los pantalones también te quedan bien —agregó, avanzando despacio hacia mí—. Pero las calzas… mamita, las calzas… —sonrió de costado—. Te vi el otro día cuando volviste del gym. Es increíble cómo se te marca ese culo hermoso que tenés.
    
    —Callate, pendejo —le dije, en voz baja, sintiendo cómo el corazón me golpeaba en el pecho.
    
    Abrí la alacena para sacar el té. Siempre me cuesta alcanzar las cosas más altas, con mi metro cincuenta y cinco.
    
    Enzo se arrimó detrás de mí.
    
    —Pará, yo te lo alcanzo —dijo, estirando el brazo. Al hacerlo, su cuerpo se pegó al mío, y sentí su calor y su tamaño rodeándome como una sombra.
    
    Al igual que en el supermercado, aprovechó la cercanía para apoyase en mí. Me hizo sentir su verga, pero no se conformó con eso. Cuando me entregó el té, simplemente palpó mi culo como si tuviera todo el derecho del mundo a hacerlo.
    
    —¿Qué hacés? —le pregunté, apartándome de él.
    
    —Nada. Solo me tenté.
    
    —No te tientes —le respondí, nerviosa.
    
    Puse el té en el pocillo y me incliné para agarrar la pava. Pero él volvió a ponerse detrás de mí, y me pellizcó la nalga, esta vez con más fuerza.
    
    —¿Sos boludo? —le dije en un susurro feroz, girando la cabeza.
    
    —¿Qué? —respondió, con una sonrisa provocadora.
    
    —¿No ves que Fabricio está acá? —dije, señalando hacia el living.
    
    —Está ocupado —contestó, como si eso fuera suficiente. Y entonces se atrevió a correrme un mechón ...
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